- Los caballos de la recolección de basura finalmente descansan después de años de esfuerzo
- La capital dio un paso enorme hacia la empatía y justicia animal con un retiro libre de sufrimiento
SAN LUIS POTOSÍ, S.L.P. — Por fin, la historia cambió de rumbo: 62 caballos de trabajo colgaron el arnés para siempre. Lo que antes eran jornadas agotadoras bajo el sol, entre basura y pavimento, hoy se convirtió en un acto de justicia y compasión.
Los colectivos como Mujeres Cambiando Vidas y Seres Libres – Animal Rescue, acompañadas del alcalde Enrique Galindo y la regidora Maritza Vázquez, fueron testigos de la jubilación oficial de varios equinos.
Estos caballos, que durante años fueron usados para la recolección de basura, ahora tendrán un retiro digno. En su lugar, 62 motocarros entraron en operación para que los trabajadores continúen con su sustento, pero sin recurrir al maltrato animal.
“Estos programas entregan a los caballos un retiro digno y a los trabajadores les permiten seguir ganándose la vida con herramientas más modernas y humanas”, expresó la regidora Maritza Vázquez Pérez, impulsora de la iniciativa.
Durante el evento, se destacó que ya existen programas similares en estados como el Estado de México, enfocados en retirar de las calles a animales de trabajo —caballos, burros o perros de servicio— y darles seguimiento, cuidado y adopción responsable.
Incluso, se informó que también hay programas de jubilación para caballos y perros policía, los cuales, al concluir su servicio activo, pueden ser adoptados por familias o reubicados en centros especializados.
La jubilación equina, explicaron veterinarios presentes, no significa abandono, sino una nueva etapa. A partir de los 18 ó 20 años, los caballos son considerados “senior” y requieren cuidados especiales: dieta más blanda, menos esfuerzo físico y una vida social más tranquila, idealmente acompañados de otros equinos.
El retiro también implica revisiones veterinarias periódicas, atención dental y un entorno libre de estrés. Algunos de los caballos jubilados serán cuidados por sus propios dueños, mientras que otros participarán en programas de equinoterapia, ayudando a personas con discapacidad o en rehabilitación emocional.
Así, mientras los motocarros comienzan su ruta y los caballos se despiden del trabajo forzado, la ciudad escribe un nuevo capítulo donde la evolución también incluye compasión.
















