Viaja 2 mil km por IA 

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Staff / El Mañana

Un ilusionado albañil gastó todos sus ahorros y cruzó medio Brasil en autobús para conocer al amor de su vida digital, llevándose la sorpresa de su vida.

Las redes sociales volvieron a demostrar que el amor en tiempos de internet puede convertirse en una auténtica pesadilla de proporciones épicas. La historia que tiene a todo el mundo con el ojo cuadrado ocurrió en Brasil, donde un hombre de campo decidió jugarse el todo por el todo siguiendo los latidos de su corazón virtual.

Resulta que Edimar Rocha Martins, un albañil de 49 años, pasó por momentos muy amurosos tras la dolorosa pérdida de su madre, refugiándose en el ciberespacio en busca de un poco de calor humano. Fue ahí donde conoció el perfil de una supuesta granjera despampanante con cientos de miles de seguidores que le prometía el paraíso terrenal.

Convencido de que había encontrado a su media naranja, el pobre trabajador vació sus bolsillos y se trepó a un autobús para un viaje eterno de treinta y seis horas, recorriendo dos mil kilómetros con la única ilusión de fundirse en un abrazo con su adorada reina de las redes sociales.

Sin embargo, cuando pisó la terminal de su destino con foto en mano preguntando por su amada, la cruda realidad le cayó como balde de agua helada al enterarse de que la mujer jamás existió en este plano terrenal. Los lugareños lo miraban extrañados mientras él cargaba con la ilusión rota y la cartera completamente vacía.

Resulta y resalta que la famosa “granjera” no era más que una elaborada ilusión óptica fabricada por complejos programas de inteligencia artificial, diseñada puramente para engatusar incautos en el vasto mundo digital.

Sin dinero para el pasaje de regreso y varado en una ciudad extraña, el pobre hombre tuvo que tocar las puertas de los servicios municipales de asistencia para migrantes urbanos con el fin de conseguir un plato de sopa y un boleto de vuelta a casa.

Este trágico suceso nos deja una lección clarísima, mis amores: antes de cruzar el país por un ciberamor, asegúrense de que al menos respire y no sea un puñado de pixeles generados por computadora. ¡Qué bárbaro, las tecnologías nos están jugando trampas mortales!

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