El Potrillo arrasa bajo el aguacero en el Arre

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Staff / El Mañana

Alejandro Fernández le dio vuelo a la hilacha en el Festival Arre, desafiando el ecatepec de agua con un concierto lleno de palomazos, gritos y un homenaje que sacó las de cocodrilo a más de uno.

El Festival Arre pintaba para desastre por culpa de Tláloc y su tormentón, pero nomás pisó el escenario Alejandro Fernández y a la raza se le olvidó el frío, el lodo y hasta la depre. Más de 77 mil almas se dieron cita con impermeable en mano y botas bien embarradas para ver al mero mero de la dinastía Fernández rifarse como los grandes en una noche que olía a puro puro chisme y emoción.

Desde tempranito la plancha del lugar era un verdadero charco, pero tras el zapateo con Mi Banda El Mexicano y Los Dos Carnales, la chaviza y los veteranos apretaron filas esperando al Potrillo. Los cohetes tronaron en el cielo nublado y con el tema “Estuve” el galán abrió la caja de los truenos, dejando claro que voz es lo que le sobra aunque el agua cayera a cántaros sobre su cabeza plateada.

“Hace mucho tiempo no lo hacíamos, y a pesar del diluvio se quedaron”, soltó el cantante con esa sonrisa coqueta que carga, soltando rolas icónicas como “Estos celos” y “Te voy a perder”. La gente coreaba con el alma mientras el agua les remojaba hasta los calcetines, pero en el ambiente solo flotaba la buena vibra y el calorcito que da cantar a todo pulmón con unas copas de más (o al menos con el antojo).

El momento cumbre de la noche se puso candente cuando el buenazo de Edén Muñoz se subió de sorpresa a la tarima. Juntos entonaron “Decepciones” y hasta armaron la machaca pidiendo cantar “No”, poniendo a saltar a toda la indiada que no cabía de la emoción con semejante dueto inesperado. ¡Puro talento junto, mis amores!

Por si fuera poco, la cursilería y el nudo en la garganta llegaron cuando el Potrillo se acordó de su jefecito lindo, don Vicente Fernández. Al entonar “Un millón de primaveras”, el escenario se volvió un mar de lágrimas y recuerdos; muchos sacaron el pañuelo desechable mientras el tapatío le mandaba saludos al cielo con un respetuoso y sentido homenaje.

El cierre fue de locura total con clásicos como “Mátalas” y el inmortal “Volver, volver”, donde el público dejó los pulmones en cada verso. El Potrillo demostró que ni una tormenta tropical puede apagar el arrastre de una verdadera estrella, sellando una noche inolvidable entre aplausos, agua y mucho orgullo mexicano.

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