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Ansiedad: La alarma que dispara tu mente

Esta columna nació con la intención de lograr hacer visibles los temas de salud mental con un enfoque profesional y cercano para que todos y todas tengamos acceso a información valiosa desde un lugar confiable.

Esta semana quisimos abordar el trastorno de ansiedad, ya que nuestra sociedad se ha estado enfrentando a situaciones que afectan la estabilidad emocional y se transforman en diagnósticos preocupantes.

En la consulta privada e incluso en círculos cercanos, oímos a las personas utilizar frases como: “Mejor que me escriban, porque las llamadas me provocan ansiedad”, “Es domingo y pensar que mañana es lunes me provoca ansiedad”, o “Estoy comiendo por ansiedad”. Esa sensación incómoda en el estómago antes de una presentación o una entrevista, eso es el miedo y/o estrés actuando. Pero, ¿qué pasa cuando esa alarma se queda encendida, incluso cuando no hay un peligro real? Eso es la ansiedad.

La ansiedad es esencialmente la respuesta natural de nuestro cuerpo al estrés, pero se convierte en un problema cuando es excesiva, persistente e interfiere con tu vida diaria. Es como tener un botón de emergencia atascado. A continuación, revisaremos algunos factores que contribuyen a su aparición y los síntomas que puedes observar:

Factores que contribuyen a la ansiedad

Síntomas comunes

Buscar el control absoluto de situaciones o personas.

Evitar conflictos a toda costa (reprimir emociones).

Tener la mente constantemente en el futuro.

Tendencia a los excesos (en comida, trabajo, etc.).

Pensamientos catastróficos y miedos irracionales.

Dificultad para concentrarse.

Ideas recurrentes de fracaso.

Síntomas físicos: Temblores, sudoración o palpitaciones en situaciones que no son una amenaza real.

Si has experimentado algo así o conoces a alguien que pueda estar atravesando por un cuadro similar, te dejamos algunas recomendaciones para actuar en momentos de crisis:

Calma física: Usa agua fría en las manos o detrás del cuello para ayudar a bajar la intensidad de los síntomas físicos.

Anclaje: Sitúate en el aquí y ahora para eliminar la preocupación del futuro, usa la técnica 3-3-3 de respiración.

Vocaliza: Hablar con alguien de confianza ayuda a organizar los pensamientos y reduce el malestar.

La ansiedad se gesta en el estrés, transformándose en una forma de vida impulsada por la prisa, la preocupación crónica por el futuro y una mente que no se detiene. Para preservar tu salud mental, es fundamental reconocer este ciclo.

El primer paso es el autocuidado: haz una pausa consciente. Contactar con lo que sientes y con los cambios internos es la vía directa para forjar una estabilidad emocional sólida. Esto no solo te ayudará a mitigar la preocupación, sino que te permitirá ver y experimentar la vida con una sensación de disfrute y perspectiva completamente nueva.

Lo más importante es saber que la ansiedad puede ser como una ola que sube y baja. Recuerda: reconocer que la tienes no es un signo de debilidad, sino de gran fortaleza. Este es el primer paso para tomar el control, aprendiendo a estar alerta sobre aquello que la desencadena. Sobre todo, sé paciente y amable contigo mismo; y si la sensación te abruma, no dudes en buscar ayuda profesional.

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