Andaba entumido

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El Separador

Sabíamos que estábamos pero no estábamos; no en el privilegiado estado de la disponibilidad. Lograron sugestionarme con eso de que si uno quiere ser ciudadano de primera -lo que quiera eso decir-, necesita estar “siempre en presencia, como un signo de responsabilidad e integridad”. Entre el postulado ese, mi sentimiento de culpa y el pensamiento catastrófico, los días sin conversaciones y cigarro se hicieron eternos. Malditos influencers. Saber que ella estaba, pero no estaba y que yo también, pero tampoco, me recordó los cortos equiparables a una pausa de hidratación a inicio y no a mitad de una película.

Entre el letargo de la jornada, el verano sin vacaciones, los presupuestos que no logran aprobarse, el wey de Maná, el de TV Azteca y los de Radio Fórmula, deambulan los reaparecidos, las buscadoras, las marcas como cachirules mundiales, la propaganda y con nosotros el entumecimiento. 

La definición de la pérdida notable de sensibilidad en alguna parte del cuerpo ya sea por falta de uso, por frío o por una mala postura -lo que quiera también eso decir- y que aseguramos “se durmió”, no la saqué del libro Las de endenantes de Bruno Newman, (La Gunilla Ed.); pero encontré un sinónimo, no-te-arrugues y un superlativo, no-te-acalambres, cuya potencia fonética convierte una sugerencia en urgencia.

De la tierra en que todos somos machos y claramente muchos, al no tengas miedo yo lo cambio por un no le saque. Todos quietecitos, como cuando el Tri va en ascenso gracias al sobadísimo “y si sí” o la decadencia del “pensar cosas chingonas”, y yo, en un silencio telefónico hormigueándome los tejidos, entumido. Sobre el aire nada se mueve.

Aparece la burbujita verde del Whatsapp: Felo esto no puede continuar así. Rayos. Ya hablemos. Luego luego le marqué soñando con llenar los pulmones de alegría o posibles reproches. Ya no sé ni sobre qué divagamos; qué más daba. Desde su voz ronquita y cachondona una bocanada me devolvió la serenidad. Con mi tartamuda dicción y las almas de vuelta en el cuerpo lograrnos desentumirnos.

Suena The Letter, de David Bowie. Con “it´s the rain before the storm” aparece el hormigueo. Ya del Temec, los fugitivos del gabinete o los rivales paranoicos y muy ardidos, mejor ni hablemos. No te entumas México.

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