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Staff/El Mañana
Entre miradas de asombro y apretones de manos, el arzobispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe rompió la monotonía del Centro de Reinserción Social de Rioverde.
La visita pastoral llevó un soplo de aire fresco a las Personas Privadas de la Libertad y al personal del recinto.
Acompañado por la Pastoral Penitenciaria, el jerarca caminó entre los pasillos conversando de cerca con los internos.
Su discurso dejó de lado los formalismos para centrarse en la fortaleza interior, el perdón y la fe.
Reclusos y guardias compartieron un emotivo espacio donde las diferencias de rol quedaron en segundo plano.
La música y las oraciones transformaron el patio central en un refugio de reflexión y alivio emocional.
Cada testimonio intercambiado recordó que la dignidad humana trasciende cualquier muro de concreto.
Esta alianza entre la Iglesia y el penal demuestra que la empatía es clave para sanar vidas. Tras el éxito del encuentro, las autoridades penitenciarias mantendrán las puertas abiertas a estos espacios de acompañamiento. La meta es clara: encender una chispa de esperanza que impulse una verdadera reinserción

















