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- El desfogue preventivo expone la carencia de infraestructura capaz de captar escurrimientos para enfrentar futuras sequías.
La presa San José alcanzó aproximadamente 95 por ciento de su capacidad, por lo que será desfogada de manera controlada para reducir gradualmente su almacenamiento hasta cerca de 90 por ciento.
La liberación será de alrededor de 200 litros por segundo hacia el cauce del Río Santiago. Aunque la maniobra resulta necesaria para recibir nuevas precipitaciones sin comprometer la seguridad de la infraestructura, también reabre el debate sobre el aprovechamiento del recurso pluvial en la zona metropolitana.

Mientras una parte del líquido debe ser liberada, miles de familias enfrentan fallas en el suministro, pozos fuera de operación y redes deterioradas. La ciudad continúa sin suficientes vasos reguladores, sistemas de captación, conducción y almacenamiento que permitan reservar los excedentes para utilizarlos durante los periodos de escasez.
El Ayuntamiento capitalino, Interapas y Conagua mantienen pendiente una estrategia conjunta que transforme las lluvias en una fuente complementaria para consumo humano, recarga del acuífero o actividades productivas.
Vigilar niveles y abrir compuertas atiende la emergencia inmediata, pero no resuelve el problema estructural. San Luis Potosí permanece entre dos extremos: durante la sequía busca abastecimiento y, cuando llegan las precipitaciones, carece de obras suficientes para conservar los excedentes.

















