Villa de Pozos, — En la calle Zapote apareció hace unas semanas un nuevo vecino: Baloo, un perrito macho de tamaño pequeño, corazón gigante y fidelidad absoluta a su oso de peluche, su inseparable amigo desde que fue abandonado.
Sí, Baloo llegó solo… pero solito no se quedó.
El lomito se ganó el cariño de todas y todos. Y no cualquier cariño: hablamos de nivel “le construimos una casita”, “tiene guardia vecinal” y “la colonia se organizó para darle de comer”.
Todo esto mientras él, con su look de ternura extrema, daba paseos cortos sin despegarse de su peluche, como si fuera su amuleto emocional.
Los vecinos cuentan que Baloo conserva todavía su collar y que nunca hizo drama: llegó, se acomodó y empezó a repartir amor gratis, a diferencia de sus antiguos dueños que -evidentemente- no lo supieron valorar.
La comunidad incluso logró esterilizarlo, asegurando su salud y bienestar. Ahora el pequeño está estable, cuidado y consentido… pero hace falta lo más importante:
una familia que lo adopte y le dé un hogar de verdad.

El caso de Baloo también destapa un problema que ya está rebasando a Villa de Pozos: el abandono de animales. Los albergues locales están a tope, los reportes aumentan y los perros en calle se multiplican más rápido que las promesas de campaña. Y Baloo, por muy adorable que sea, representa a muchos otros sin casita, sin peluche y sin vecinos tan entregados.
Aun así, quienes lo cuidan tienen fe:
“Es dócil, cariñoso y merece una familia que lo quiera; ya hizo méritos de sobra”, comentan, mientras el pequeño guardián de peluche se echa una siesta bajo su nueva casita.
Baloo está listo para empezar su final feliz. Solo falta quien se anime a escribirlo con él.
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