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Staff / El Mañana
El cantante sonorense se convierte en el primer latino en pisar la lujosa esfera gringa con un show galáctico y un grito que hizo temblar a los gringos: “¡Viva México, cabrones!”.
El mundo del espectáculo regional mexicano está de manteles largos y con la boca abierta, pues el mero, mero sonorense, Carín León, se armó la hombrada y dejó claro que cuando hay talento y mucha percha, los límites simplemente no existen. Acompañado de su inseparable guitarra y un talento que desborda por los poros, el intérprete se coronó como el primer artista latino en pisar y agotar la imponente pantalla gigante de The Sphere en Las Vegas, Nevada. La noche prometía ser legendaria, pero la realidad superó cualquier sueño guajiro que trajera el equipo del famoso.
Desde las primeras horas, el gentío se aglomeró en las inmediaciones del recinto de más de 2 mil millones de dólares, esperando el momento exacto en que las puertas se abrieran para atestiguar este suceso histórico. Y es que no era para menos, ya que detrás de esta locura musical hubo más de un año de sudor, lágrimas, diseño gráfico en resolución 12K y juntas interminables para adaptar el folclor norteño a la tecnología más avanzada del planeta. ¡Puro nivel internacional, mi amor!
Cuando las luces bajaron de intensidad y la megaesfera comenzó a cobrar vida con imágenes alucinantes, el grito de guerra no se hizo esperar. Al ritmo de los acordes de “La Boda del Huitlacoche”, Carín apareció en el escenario desatando la locura colectiva de miles de almas que coreaban a pulmón herido cada una de las rolas. El recinto tembló de emoción cuando el cantante soltó el mítico y muy mexicano grito de: “¡Viva México, cabrones!”, provocando que más de uno se anduviera queriendo arrancar las botas de la emoción.
El repertorio fue un auténtico balazo directo al corazón de los nostálgicos y los parranderos empedernidos. El famoso se aventó joyas desde el clásico “Dame un beso y dime adiós” hasta poner a todos a bailar bien pegadito con “Que vuelvas”, “La morrita” y, por supuesto, el himno de los borrachos finos: “El tóxico”. La acústica y los visuales envolventes del lugar transportaron a la raza directo a las polvaredas de Sonora, demostrando que la música de banda y norteña ya se sienta en la mesa de los grandes colosos mundiales.
Por si fuera poco, la noche cerró con broche de oro cuando interpretó “Despídase bien”, “Según quién” y la inconfundible “Primera cita”, dejando a un público extasiado que no paraba de aplaudirle esta hazaña monumental. En sus redes sociales, el intérprete no cabía de la dicha y compartió un mensaje bien emocionado donde confesó que todavía no se la cree, agradeciéndole a su plebada y a su equipazo por aguantar vara durante toda la preparación de este titánico proyecto.
Esta serie de conciertos en Las Vegas marca apenas el banderazo de salida de una residencia de diez fechas que promete consagrar al hermosillense en la cima de la industria musical gabacha. Mientras los haters se muerden las uñas desde sus sillones, Carín León demuestra que a punta de puro esfuerzo, talento de barrio y mucha autenticidad, se pueden romper fronteras sin perder el estilo arrabalero y fiestero que tanto le aplaude la raza.














