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Staff / El Mañana
Las bajas ventas y la preferencia por el producto congelado provocan un severo retroceso en la actividad de los tablajeros locales durante la víspera de las celebraciones de temporada.
La preparación de las celebraciones tradicionales y las festividades de fin de año suelen representar el periodo de mayor bonanza para el comercio de alimentos en la región Huasteca. Sin embargo, la contracción económica que golpea el gasto de los hogares ha provocado una severa disminución en el volumen de procesamiento de cárnicos en las instalaciones del centro de matanza de Ciudad Valles. La menor capacidad de compra de las familias vallenses y la alteración en las costumbres de abastecimiento han dejado un panorama incierto para los introductores de ganado y los propietarios de carnicerías de barrio.
Las estadísticas operativas de la procesadora pública revelan que durante la segunda quincena de octubre la matanza de porcinos sufrió un colapso del cincuenta por ciento en comparación con el mismo ciclo del año anterior. Mientras que en el periodo comparable del ejercicio pasado las piletas y ganchos del Rastro procesaron más de un centenar de cabezas destinadas al surtido de los mercados locales, en las jornadas recientes la cifra apenas alcanzó sesenta unidades. Este descenso resulta atípico para un mes en el que habitualmente se disparan los pedidos para la elaboración masiva de tamales, zacahuil y platillos típicos.
Los administradores de la nave de faenado explican que el fenómeno responde a dos factores centrales que alteraron el mercado local. En primer lugar, la pérdida del poder adquisitivo obliga a los amas de casa a recortar el presupuesto destinado a los insumos de las festividades, sustituyendo la carne fresca por proteínas más económicas o reduciendo las proporciones en los hogares. En segundo término, se detecta un cambio notable en la cadena de suministros, donde diversos comercios de comida y familias han migrado hacia la adquisición de piezas empaquetadas o congeladas provenientes de distribuidoras foráneas, dejando de lado la producción de los corrales del municipio.
La paralización de las líneas de sacrificio no solo afecta a los empleados de las instalaciones de procesamiento, sino que genera un efecto dominó que golpea a los porcinocultores de la zona rural, a los choferes de fletes y a los expendedores de los mercados centro y Constitución. Los comerciantes de las tablas tradicionales señalan que los costos del alimento para ganado y los cobros de traslado encarecieron el producto en pie, obligándolos a ajustar los precios al público en un momento donde el consumidor simplemente carece de liquidez.


















