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- Mientras el ayuntamiento recibe reconocimientos la ciudadanía enfrenta servicios deficientes y falta de transparencia.
Staff / El Mañana
El gobierno municipal de San Luis Potosí presumió la entrega de la certificación internacional ISO 18091:2019 para la Dirección de Catastro, un reconocimiento que —según el ayuntamiento— avala un sistema de gestión que es eficiente y confiable. La narrativa suena impecable y casi creible… hasta que uno sale a las calles. Allí, el estándar internacional se topa con baches eternos, falta de agua que nadie atiende y reportes que se acumulan como si la ciudad hubiera sido certificada, sí, pero en resignación ciudadana.

Mientras se presumía el “gobierno confiable”, Interapas seguía ofreciendo su versión más conocida: tandeos inesperados, pozos sin reparar y un incremento en las tarifas que intenta justificar lo que el grifo desmiente todos los días. La transparencia tampoco se salva. Los ingresos de parquímetros, cuya administración parece tener más capas que un expediente clasificado, siguen sin aclararse del todo, aunque la autoridad insiste en que “todo está en orden”.
Y luego está la seguridad, ese tema que no aparece en ninguna ceremonia de reconocimiento. Robos a casa habitación, asaltos y cristalazos continúan marcando la rutina de la capital, donde los ciudadanos sienten más presión por cuidar sus pertenencias que por celebrar estándares internacionales.
La ISO 18091 está diseñada para gobiernos que gestionan con eficiencia y mejora continua. La ironía no pasa desapercibida: mientras se exhibe el diploma, la ciudad real —la de baches, falta de agua, opacidad y miedo— sigue esperando las mejoras básicas que cualquier gobierno “confiable” debería garantizar sin necesidad de certificación.
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