El Separador
Algo tiene Manhattan que a algunos nos pone a llorar; la inmensidad, el otoño, la nostalgia por escenas de películas entre muros y adoquines y la zanahoria ingrata de New York, New York: “If I can make it there…“
A los chamacos y a mi lo que luego nos pone a lagrimear de Nueva York son sus escritores. Of mice and men de John Steinbeck o The catcher in the rye de Salinger dejan evidencia de las de cocodrilo en sus páginas. Por ello, cada quien tiene su ejemplar en el buró.
Papá, dijo Natalia, esa novela que me dijiste seguías pagando en abonos chiquitos, Tan poca vida, de Hanya Yanagihara, es como gas lacrimógeno. Aclaramos que la foto de portada del libro de 2015 es un cuadro de la serie Orgasmic men de Peter Hujar. Formato 6X6, blanco y negro, y el rictus de un hombre que se muere de a poco son la sinópsis de mil páginas con advertencia visual para el lector.
Hujar fotografió celebridades para agencias de publicidad, revistas de moda y periódicos en los 70s y 80s. Fue figura central de la vanguardia bohemia queer de Nueva York que se divertía en fiestas de The Factory, de Andy Warhol con medio mundo artístico; pero una importante parte de su vida la pasaba en cama, durmiendo, llorando o conversando.
Su amiga y cómplice Linda Rosenkrantz, crítica de arte y creadora de la columna Coleccionables Contemporáneos del Times, promovía en galerías y casas de subastas la obra de su amigo Peter junto con la de Dalí o Mapplethorpe. Ambos pasaban largas tardes disfrutando de charlas cotidianas mientras el humo del cigarrillo se perdía con el viento. La belleza de la conversación radicaba en la los pormenores del trabajo quisquilloso y la insatisfacción natural de los artistas.
En 2021 Linda publicó el libro Un Día con Peter Hujar, que documenta sus actividades durante 24 horas un día de 1974. Lo escribió de memoria pues la grabadora y las anotaciones hechas internados en un departamento en la 2ª avenida se perdieron, como suelen perderse los chats de Whatsapp.
En 2025 Ira Sachs lo convirtió en un largometraje con Rebecca Hall y Ben Whishaw para dar vida a ese momento histórico con lágrimas de por medio, en un ejercicio creativo sin pretenciones.
Peter murió de SIDA en East Village a los 53 años en noviembre de 1987. Linda, a sus 92, sobrevive en Los Angeles.















