- La sociedad civil tomó las riendas del rescate urbano ante la indiferencia oficial.
Staff/El Mañana
La plazuela principal de Guadalcázar volvió a lucir como un espacio vivo gracias a la iniciativa de los vecinos, que se organizaron para rehabilitar cada rincón del lugar con recursos propios. Jóvenes y adultos aportaron pintura, herramientas y tiempo, trabajando en equipo durante toda la jornada, y cumpliendo con los permisos necesarios ante el INAH, un trámite que el gobierno municipal nunca logró realizar. La acción comunitaria evidenció la diferencia entre la responsabilidad de la ciudadanía y la inacción oficial: el alcalde solo apareció para pintar un pequeño tramo de una banca y rápidamente se retiró, pero no dudó en publicar fotos y videos atribuyéndose el mérito de la obra. Los habitantes denunciaron este gesto, señalando que su participación real fue mínima y que, lejos de apoyar, su presencia resultó más simbólica que útil. La rehabilitación de la plazuela se convirtió en un ejemplo del poder de la colaboración vecinal: un esfuerzo colectivo que devolvió vida a un espacio emblemático y que demostró que, cuando la administración falla, la ciudadanía puede tomar la iniciativa. Hoy, la plazuela revitalizada es un recordatorio del compromiso de los vecinos por su pueblo y de que la verdadera transformación surge del trabajo conjunto, no de gestos superficiales de autoridades que no cumplen con su responsabilidad.














