Cobrar primero, servir después

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Desde la Banqueta
Ericka Segura.

Hay instituciones que envejecen con dignidad. Interapas, en cambio, parece haber perfeccionado otra habilidad, cobrar más sin demostrar que el servicio mejora.

Treinta años después de su creación, el organismo presume millones recuperados, campañas de descuentos y programas para que los usuarios se pongan al corriente. Lo que no presume son las colonias donde el agua no llega, los drenajes colapsados o las fugas que permanecen durante semanas mientras los recibos sí llegan puntuales.

El problema ya no es únicamente financiero; es estructural. Interapas nació para atender a unos 600 mil habitantes y hoy intenta abastecer a más de 1.4 millones de personas con una infraestructura que nunca evolucionó al ritmo de la ciudad. Cobra como un organismo del presente, pero opera con las limitaciones de hace tres décadas.

La cifra de más de 62 millones de pesos recuperados en seis meses pretende venderse como un logro administrativo. Sin embargo, la cartera vencida supera los mil 807 millones de pesos. Entonces surge la pregunta que ningún boletín responde: si el dinero entra, ¿por qué los resultados siguen sin salir por la llave?

Mientras tanto, el organismo amplía programas de cobranza y anuncia mejoras salariales para parte de su personal. Nadie cuestiona el derecho de los trabajadores a mejores condiciones; lo que sí resulta inevitable cuestionar es por qué los usuarios continúan pagando por un servicio que, en demasiados casos, sigue siendo deficiente.

Quizá Interapas olvidó que recaudar no es un fin, sino una herramienta para ofrecer un mejor servicio. Cuando esa lógica se invierte, el ciudadano deja de sentirse usuario y comienza a sentirse cliente cautivo.

Después de treinta años, la mayor fuga del organismo ya no parece estar en las tuberías, sino en la confianza de la población. Porque el agua puede faltar algunos días; la credibilidad, cuando se pierde durante décadas, difícilmente regresa.

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