-Queda ciudadanía atrapada en un conflicto que evidencia una crisis de gobernanza universitaria.
Staff/EL MAÑANA
Estudiantes de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) provocaron un severo caos vial en distintos puntos de la capital potosina con bloqueos en las más importantes arterias como avenida Chapultepec, tramos del Circuito Potosí y la glorieta Bocanegra, en protesta por la violenta agresión cometida por un docente en contra de una ex alumna.
La movilización, que inició de manera pacífica, escaló con el cierre total de vialidades estratégicas, afectando a miles de automovilistas durante varias horas.
Los conductores quedaron varados en horas pico mientras los manifestantes exigían justicia, sanciones firmes y una postura clara por parte de las autoridades universitarias.
El detonante de la protesta fue la inconformidad por la actuación del rector Alejandro Zermeño Guerra, a quien los estudiantes señalan de intentar minimizar el caso e incluso de mantener una postura discreta que, a su juicio, equivale a encubrimiento.


Los manifestantes recordaron que no se trata de un hecho aislado, sino de una problemática recurrente dentro de la institución, donde —afirman— ha prevalecido la complicidad y la permisividad frente a conductas graves.
Durante el cierre de vialidades, los estudiantes lanzaron consignas y colocaron carteles denunciando violencia, omisiones y falta de protocolos eficaces para proteger a la comunidad universitaria.
El reclamo central fue la ausencia de una respuesta directa de Rectoría, ya que ningún representante salió a dialogar con los inconformes en los lugares de la protesta.
La exigencia es clara: justicia para la víctima, investigación transparente y acciones contundentes que garanticen que estos hechos no se repitan.
Mientras tanto, la falta de comunicación institucional no solo profundiza el conflicto interno, sino que también impacta a la ciudadanía, que quedó atrapada en un conflicto que evidencia una crisis de gobernanza universitaria.
El episodio deja al descubierto una fractura entre la comunidad estudiantil y la administración central de la UASLP, así como una creciente presión social para que la universidad asuma responsabilidades con mayor firmeza y transparencia.














