- Con la inseguridad en carreteras, los productores dicen que trabajar en las rutas rurales “ya es deporte extremo”
Foto: Especial
Villa de Ramos, S.L.P., 25 de noviembre de 2025.— En Villa de Ramos ya no basta con sembrar, cosechar y sobrevivir al precio del chile. Ahora los productores también tienen que esquivar armas largas y asaltos en caminos rurales donde, si algo puede salir mal, sale peor.
Productores de la región contaron que un camión cargado de chile —sí, chile del que se vende, se come y se suda— fue robado por un grupo armado en Dulce Grande, una comunidad que de dulce solo tiene el nombre. Según relataron, el vehículo avanzaba tranquilamente cuando varios hombres armados les hicieron un “alto ahí joven” versión narco: bloqueo, amenaza y despojo total.

El conductor fue obligado a detenerse mientras los delincuentes se llevaban la unidad como si fuera un Uber Eats con pedido urgente. Nadie sabe para dónde arrancaron ni hay detenidos hasta ahora. Lo único seguro es que el camión se fue… y el coraje se quedó.

Los productores dicen sentirse “en total indefensión”, frase elegante para no decir lo que realmente piensan: que las rutas rurales están tan solas que hasta el viento pasa con miedo. La falta de seguridad, aseguran, ya es un obstáculo real para su chamba. No puedes comercializar tu cosecha si no sabes si vas a llegar con ella… o si te la van a bajar a medio camino.
Al ver que las autoridades no han dado con el camión ni con los responsables, los afectados decidieron hacer lo que mejor funciona en este país: pedir apoyo directo a la gente. Llamaron a habitantes de comunidades vecinas y a cualquiera que pueda aportar información para localizar la unidad robada antes de que acabe convertida en leyenda o en deshuesadero.
Aseguran que cualquier dato será clave para mitigar las pérdidas -porque el chile no se regala- y, sobre todo, para demostrar que urge vigilancia real en las rutas agrícolas, donde hoy la única constante es el miedo.
Porque sí: en Villa de Ramos ya no solo se cosecha chile… también se cosechan sustos.
















