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COMPARTE ADRIEN PARLANGE UN ABRIGO LITERARIO

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Agencia Reforma

Ciudad De México 10 septiembre 2026.- A paso cansado bajo el sol abrasador de la mañana, una niña llega a guarecerse a la sombra de una gran piedra. Y no es la única.

 “Poco después, una serpiente viene en busca / de un lugar donde el suelo no queme más”, plasma el ilustrador francés Adrien Parlange en su libro Al abrigo, publicado hace un par de años bajo el título Un abri, y que ahora Océano Travesía trae al español.

 Niña y reptil se miran de frente, no sin tensión, dentro de ese pequeño refugio. “Un poco más tarde aparece un zorrito, / el pelaje ardiendo, la lengua de fuera. / Él, también, se hace un lugar en la sombra”. Y no es el último.

 Una liebre, un erizo, un jabalí, una cabrita y hasta una bandada de pájaros, se suman y permanecen ahí resguardados, unos encima de otros, “esperando a que el sol se decida a dormir”, como lo muestra Parlange (Auvernia, 1983) en este volumen infantil que le granjeara el premio Sorcières Carrément Beau Maxi y el Grand Prix de l’album Lu et Partagé.

 “Es la historia sencilla, y creo que universal, de un grupo de personajes muy diferentes entre sí obligados a convivir para sobrevivir”, explica el ilustrador en una entrevista por escrito.

 “Al contar esta convivencia, que se desarrolla a lo largo de las páginas, pude cambiar de registro varias veces y pasar gradualmente de lo inquietante a lo burlesco”, prosigue el autor. “Para algunos lectores, el libro habla del calentamiento global; para otros, de tolerancia y solidaridad. En mi opinión, todos tienen razón”.

 Una sencilla paleta de colores en contraste y apenas una frase mínima por página bastan a Parlange para construir su potente relato de coexistencia en esta entrega, para la cual se optó por una encuadernación de lomo abierto que permite abrir el ejemplar completamente, de par en par, sin dañarlo.

 “Me concentro en lo esencial. No incluyo nada que no sea indispensable para mi relato, o al menos nada que no lo enriquezca. Me gustan las historias sencillas con conflictos muy claros -como, en Al abrigo, la necesidad de protegerse del sol- que expongo desde la primera página”, apunta el creador francés, ubicando ese pulso minimalista en su propia formación como diseñador gráfico.

 “Un diseñador gráfico siempre se preocupa por comunicar con claridad, por hacer las cosas legibles, lo cual no excluye la ambigüedad. El vacío que dejo es completado por el lector o la lectora, que interpreta y hace suya mi historia”.

 Luego de formarse como diseñador en la escuela Olivier-de-Serres, de París, Parlange estuvo trabajando en una agencia de publicidad; sin embargo, lo dejaría para incorporarse a la Escuela Superior de Artes Decorativas de Estrasburgo, donde es docente.

 Interesado en el libro como objeto, el creador cuenta que suele comenzar cada nuevo proyecto reflexionando sobre qué formato y técnica de fabricación específica le interesa explorar; “para Al abrigo, quise usar una tinta fluorescente, casi agresiva, que me pareció perfecta para evocar el calor”, detalla.

 “Los personajes que entran en el libro buscan protección de este color, encontrando refugio uno tras otro a la sombra de una roca, donde el color es fresco”, continúa el autor, quien se valió de brochazos gruesos sobre láminas de acetato para animar esta historia delicadamente ilustrada.

 “Las marcas que dejan las cerdas del pincel aportan movimiento y dinamismo a mis siluetas, que habrían resultado demasiado rígidas si las hubiera tratado únicamente con superficies de color uniforme”.

 De niño, ha llegado a contar Parlange, quedó marcado por libros que le resultaron aterradores o inquietantes, incluido Le Marchand de fessées (El mercader de nalgadas), ilustrado por Claude Lapointe; “todavía recuerdo vívidamente algunas ilustraciones de Oscuro, muy oscuro, de Ruth Brown, o las criaturas de Steven Kellogg”, enumera.

 “Creo que aquello alimentó mi imaginación en una época en la que, como todos los niños, necesitaba algunos escalofríos para crecer. Un poco más tarde, alrededor de los 10 años, empecé a dibujar cómics oscuros, influenciado por los cómics norteamericanos, con armas y peleas.

 “Era un niño que dibujaba historias de adultos violentos; me convertí en un adulto que dibuja historias de niños apacibles, probablemente como reacción a la violencia, muy real, que se manifiesta por todas partes hoy en día”, pondera Parlange, para quien el libro ilustrado ha resultado un “formidable terreno de juego y de experimentación”.

 También inspirado por las artes escénicas, el ilustrador dice componer sus obras distribuyendo los elementos en la doble página “como lo haría un director de teatro”, con sus personajes siempre representados de pies a cabeza incorporándose como si entraran en un escenario y cargados de una expresividad que hace innecesario poner palabras de más.

 El público infantil al que suele estar dirigido su trabajo, y del que Parlange destaca su “extraordinaria apertura mental”, suele ser muy receptivo, incluso más que los lectores de más edad.

 “Todos los niños están dispuestos a interactuar con un libro, por extraño que sea, siempre que uno se tome el tiempo de leerles las primeras páginas. No tienen los prejuicios de los adultos; aceptan la ambigüedad, no rechazan las formas inusuales y se enganchan fácilmente a una historia, incluso a una desconcertante.

 “Además, son excelentes interpretando imágenes. Observan, hacen preguntas y, a menudo, perciben los detalles que oculto en algunas ilustraciones mucho mejor que los adultos”, comparte.

 A la pregunta sobre si la clave para hacer frente a una inminente extinción humana podría estar en ese reconocimiento del otro que plasma, y con ello en la posibilidad de hacer espacio para uno más aún cuando los recursos son limitados, Parlange no aventura moralejas; “no pretendería conocer la solución, pero me parece que la empatía es esencial”.

 “Creo que siempre debemos intentar ponernos en el lugar del otro, comprenderlo, antes de juzgarlo o excluirlo”, remarca el ilustrador, cuya personal apuesta se aprecia en ése último par de viñetas donde, lejos de separarse una vez oculto el sol, tal grupo de fieras parte en cordial unión por el mismo camino.

 “Sobrevivieron juntos y descubrieron la alegría de estar juntos. Es un final optimista, onírico y, a la vez, lógico. Todos hemos vivido alguna experiencia difícil que nos acerca y une con aquellos que la han compartido”.

 Parlange ahora se encuentra terminando un libro titulado La colline, al cual se refiere como su proyecto menos convencional; “su forma es muy particular y no tengo la menor idea de cómo será recibido”, expresa con cierta inquietud el ilustrador que también está por comenzar una residencia en Japón para hacer un volumen relacionado con el Kabuki.

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