Staff/ El Mañana
Detrás de cada loro vendido en mercados, carreteras o redes sociales existe una historia marcada por el sufrimiento animal y el daño ambiental. Especialistas en conservación advierten que el tráfico ilegal de estas aves comienza cuando traficantes localizan nidos y extraen a los polluelos antes de que puedan volar, provocando en muchos casos la muerte o lesión de los padres que intentan protegerlos.
Tras su captura, los ejemplares son transportados en condiciones extremas para evadir a las autoridades. Ocultos en cajas, mochilas o recipientes reducidos, enfrentan largas jornadas sin agua ni alimento, sometidos a altas temperaturas y niveles severos de estrés. Organizaciones ambientalistas estiman que una gran cantidad muere antes de llegar a los puntos de venta debido a deshidratación, enfermedades o lesiones.
Los que sobreviven suelen presentar daños físicos permanentes y dificultades para desarrollar comportamientos naturales propios de su especie. Además, la compra de estas aves mantiene activa la cadena del tráfico ilegal, incentivando nuevas capturas en bosques y selvas.
Expertos recuerdan que los loros desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas al dispersar semillas y contribuir a la regeneración natural de la vegetación. Por ello, autoridades y grupos conservacionistas exhortan a la población a evitar la compra de fauna silvestre y denunciar su comercialización ilegal. La mejor manera de proteger a estas especies, señalan, es permitirles vivir en libertad, donde cumplen su función ecológica y forman parte del patrimonio natural de México.
- Se estima que en México son capturados ilegalmente entre 65 mil y 78 mil 500 loros cada año para su venta.
- Organizaciones conservacionistas advierten que muchos ejemplares mueren durante la captura y transporte debido a estrés, deshidratación y lesiones.
















