Staff/ El Mañana
• De la libertad a la clandestinidad
Detrás de cada loro que aparece en venta en un mercado, una carretera o una publicación de redes sociales existe una historia que pocas veces se cuenta. Lo que para algunos representa una mascota exótica, para especialistas en conservación significa el resultado de una cadena de sufrimiento que comienza en los bosques y selvas de México.
La captura suele ocurrir cuando las aves aún son polluelos. Traficantes localizan los nidos y extraen a las crías antes de que puedan volar. En muchos casos, los padres intentan defenderlas y terminan heridos o muertos. El proceso también provoca la pérdida de otras crías que no sobreviven a la extracción o quedan abandonadas en el nido.
Un viaje lleno de sufrimiento
Una vez capturados, los loros son transportados en condiciones extremas para evitar ser detectados por las autoridades. Son ocultados en cajas, mochilas, tubos de plástico o recipientes diminutos donde apenas pueden moverse.
Durante el traslado enfrentan altas temperaturas, falta de agua y alimento, además de un estrés constante. Organizaciones ambientalistas advierten que una gran cantidad de ejemplares muere antes de llegar al punto de venta debido a lesiones, enfermedades o deshidratación.
Los que logran sobrevivir suelen presentar fracturas, problemas respiratorios y daños físicos permanentes. Sin embargo, las secuelas no terminan ahí. Al crecer alejados de otros individuos de su especie, pierden la oportunidad de desarrollar conductas naturales esenciales para su supervivencia.
Comprar también alimenta el problema
Expertos en conservación coinciden en que la compra de fauna silvestre mantiene activa la cadena del tráfico ilegal. Cada ejemplar adquirido representa una señal de que existe demanda y, por lo tanto, incentiva nuevas capturas en el medio natural.
Además del impacto sobre los animales, la extracción de loros afecta a los ecosistemas donde habitan. Estas aves cumplen funciones fundamentales como la dispersión de semillas, contribuyendo a la regeneración de bosques y selvas.
Por ello, las autoridades ambientales y grupos conservacionistas insisten en que la mejor forma de proteger a estas especies es admirarlas en libertad. También exhortan a la ciudadanía a denunciar la venta ilegal de fauna silvestre y evitar adquirir ejemplares capturados de su entorno natural.
Los loros nacieron para recorrer los cielos y los árboles. Su lugar está en el bosque, no detrás de los barrotes de una jaula.
















