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Staff / El Mañana
Comunidades de Tancanhuitz y Aquismón definen en asamblea el uso de recursos federales del FAISPIAM para mejorar viviendas, banquetas y espacios comunitarios.
En las comunidades rurales de la Huasteca potosina, el ejercicio de la democracia participativa y la libre determinación de los pueblos originarios continúan transformando el destino de los recursos públicos federales. Durante los recientes fines de semana, localidades de los municipios de Tancanhuitz y Aquismón llevaron a cabo asambleas generales para definir de manera directa la aplicación de los fondos asignados a través del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social para Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas (FAISPIAM), demostrando que la organización comunitaria es la herramienta más eficaz para abatir el rezago social histórico que ha afectado a la región.
En la localidad de Jopoymom, perteneciente al municipio de Tancanhuitz, los habitantes evaluaron las principales carencias de las familias y concluyeron por unanimidad que el mejor destino para los fondos federales era garantizar un patrimonio seguro. Ante esta premisa, se priorizó la construcción y el mejoramiento de techos firmes para proteger a cuarenta y ocho familias, poniendo especial atención en la protección de los grupos más vulnerables del sector. Para vigilar la correcta aplicación del presupuesto, en la asamblea se formalizó la integración del Comité del FAISPIAM, contando con el acompañamiento institucional de personal de la Secretaría de Bienestar, quienes fungen como observadores y asesores para garantizar el respeto absoluto a la autonomía comunitaria en la toma de decisiones.
Por su parte, en la localidad de Puhuitze, municipio de Aquismón, la asamblea comunitaria optó por enfocar los recursos federales en la mejora del espacio colectivo y la movilidad peatonal. Mediante sus usos y costumbres, los pobladores determinaron la construcción de banquetas seguras y la edificación de gradas en la galera comunitaria, obras que beneficiarán de manera directa a la totalidad de las familias que convergen en el centro de reunión social. El arranque de estos trabajos estuvo precedido por una profunda ceremonia tradicional donde se rezó un santo rosario para pedir bendiciones y agradecimiento hacia las gestiones federales y estatales, además de realizar un ritual de respeto y permiso a la Madre Tierra antes de iniciar con las acciones de construcción.
Esto refleja un cambio de paradigma en la administración de los recursos destinados a las zonas indígenas de la Huasteca potosina. Al dejar en manos de los propios ciudadanos la planeación y ejecución de las obras prioritarias, se fortalece el tejido social, se erradican los intermediarios burocráticos y se asegura que cada peso invertido responda a una necesidad real sentida por los habitantes, consolidando un desarrollo regional basado en la justicia social y la participación activa de las comunidades.














