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Staff/EL MAÑANA
Matehuala, uno de los últimos bastiones del Partido Acción Nacional (PAN) en San Luis Potosí, enfrenta un panorama desolador en inseguridad pero el partido guarda silencio.
Ciudadanos señalan directamente a la dirigente estatal, Verónica Rodríguez Hernández por su falta de firmeza para exigir cuentas a los alcaldes de su partido que han llevado a una crisis de gobernabilidad a la “Perla del Altiplano”.
La desaparición de siete trabajadores —afortunadamente localizados tras operativos estatales y federales— es solo el síntoma más reciente de una descomposición profunda.
Este evento reaviva las dudas sobre la colusión de las autoridades municipales con grupos delictivos, una sombra que persigue al ayuntamiento desde la administración pasada y que la cúpula panista parece ignorar por conveniencia política.
El antecedente de Iván Estrada Guzmán es el punto de quiebre en esta historia. Tras la difusión de audios donde el exalcalde pactaba con grupos criminales y su posterior detención por malversación de fondos y el uso de “aviadores”, la institución quedó herida de muerte.
Resulta alarmante que, ante las evidencias de nexos criminales y corrupción, la dirigencia de Verónica Rodríguez mantenga un silencio sepulcral. Esta omisión no solo permite que Matehuala siga sumido en el caos, sino que refleja una desconexión total con la realidad de los habitantes. La dirigente estatal incluso aspira a la gubernatura del estado aún cuando en su bastión el PAN ha dejado de ser una opción de gobierno para convertirse en un símbolo de abandono institucional.

















