Cruz Roja suspende labores en Sinaloa, tras asesinato de paramédico en Altata

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STAFF/ EL MAÑANA

Altata, Sinaloa. — La Cruz Roja Mexicana en Altata suspendió sus servicios de emergencia tras la trágica pérdida de uno de sus propios: Obed Jaír Reyes López, un joven paramédico que fue privado de su libertad y posteriormente localizado sin vida. La noticia ha estremecido no solo a la comunidad costera de Navolato, sino a todo el gremio de socorristas en el país.

En la fachada de la base de Cruz Roja se leyeron dos mensajes que hoy duelen, pero que también hacen un llamado urgente:
“Hemos decidido suspender labores hasta que se garantice la seguridad de nuestro personal”, y otro, más breve pero igual de poderoso: “Sin socorristas, no hay Cruz Roja”.

Obed no era solo un paramédico. Era un joven comprometido con la vida de otros, con el deseo genuino de ayudar, de llegar primero cuando todo arde o se inunda, cuando el corazón deja de latir o el cuerpo queda atrapado entre fierros. Su desaparición y posterior asesinato no solo apagó una vida, sino que dejó en pausa una vocación entera.

Un llamado al respeto y la protección

Este lamentable hecho visibiliza algo que los cuerpos de emergencia llevan años señalando: la necesidad de garantizar la seguridad de quienes salvan vidas. Paramédicos, socorristas, bomberos y personal voluntario salen todos los días a darlo todo, incluso en zonas de riesgo, sin más escudo que una ambulancia, una vocación y un uniforme que los convierte en esperanza para muchos.

Ahora, la comunidad de Altata se encuentra sin servicios médicos de emergencia de la Cruz Roja, una ausencia que deja en evidencia el vacío no solo logístico, sino emocional que representa la pérdida de un rescatista.

Solidaridad y exigencia de justicia

En redes sociales, cientos de personas —compañeros de Cruz Roja, familiares, ciudadanos y otros paramédicos de diferentes estados— han expresado su dolor, indignación y solidaridad con el equipo de Altata. Exigen justicia para Obed y piden a las autoridades estatales y federales que no dejen este caso en el olvido.

Hasta el momento, las autoridades locales no han emitido un posicionamiento oficial, aunque el eco de los mensajes pegados en la fachada resuena con más fuerza: sin seguridad para los socorristas, no hay servicio posible.

Obed Jaír Reyes López no debería haber sido víctima de la violencia. Su trabajo era el de salvar, no el de huir o esconderse. Su pérdida es un recordatorio doloroso de lo urgente: proteger a quienes nos protegen.

Descansa en paz, Obed. Que tu vocación no haya sido en vano.

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