Un auto azul rayado con spray blanco quedó como testigo mudo de una historia que no terminó bien. Palabras marcadas a pulso, enojo sin filtro y un mensaje que ahora el dueño tendrá que borrar a mano, mientras intenta recomponer algo más complicado que la pintura: su vida personal.


Porque detrás de este coche no solo hay pintura dañada, también hay una presunta infidelidad, una familia rota, la posibilidad de quedarse sin hijos y sin febrero romántico. En el mes del amor, a este conductor no le tocarán flores ni serenata… le tocará thinner, paciencia y muchas preguntas. Eso sí, quizá no pase San Valentín solo. Tal vez lo pase… con alguien diferente.
Foto: STAFF/ EL mañana


















