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SLP.- Cuatro días y contando. El paro en la FCI de la UASLP dejó de ser un trámite administrativo atorado y se convirtió en un síntoma de algo más grande: una universidad que no sabe, o no quiere, responder cuando su gente alza la voz.
Lo que arrancó como una exigencia concreta hoy exhibe una crisis de gobernabilidad interna. La ausencia de una postura clara por parte de la rectoría y de las áreas responsables no desactiva el conflicto; al contrario, lo infla. Para el personal administrativo en paro, la falta de información y de acciones es violencia institucional: incertidumbre prolongada, desprotección y desgaste.


La inconformidad ya rebasó a un solo sector. Estudiantes y trabajadores coinciden en señalar fallas estructurales para atender conflictos. No hay conducción, no hay estrategia visible y no hay voluntad que se note. La universidad que presume diálogo hoy se ahoga en la inercia.
El paro en la FCI es una alerta: cada día sin respuestas rompe confianza y ensancha la fractura interna. Mientras la rectoría no asuma su responsabilidad de escuchar, ordenar y actuar, el mensaje será claro y duro: en la UASLP, la omisión también lastima.
















