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Por Joseph Malone de la Paz
Hay algo que no termina de cuadrar en la convocatoria “Xantolo se vive en tu ciudad 2026” de la secretaría de cultura potosina: se reconoce la importancia de la tradición, se exige autenticidad, vestimenta, máscaras, instrumentos y hasta el aval de autoridades comunitarias, pero al momento de reconocer económicamente a quienes mantienen viva esa tradición, el pago se queda corto.
Las comparsas seleccionadas serán parte del festival Xantolo se vive en tu ciudad, que cada año lleva a la gente de la zona metropolitana una representación de las tradiciones de la Huasteca por el Día de los muertos.
La convocatoria está dirigida a comparsas tradicionales de la Huasteca y establece que cada grupo debe tener entre 20 y 30 integrantes. La propia secretaría explica que, según la tradición, los danzantes prestan su cuerpo para que, a través de la música y la danza, el alma de los difuntos pueda estar con sus seres queridos.
No estamos hablando simplemente de un espectáculo coreográfico. La propia convocatoria reconoce que existe una dimensión cultural y espiritual detrás de la representación.
Sin embargo, la dependencia, por quinto año consecutivo se queda muy, muy, muy corta. Hay ocho estímulos de 30 mil pesos para ocho comparsas seleccionadas. Además, se les facilita hospedaje, transporte y alimentos ÚNICAMENTE durante los días que corresponda su participación.
Los apoyos para traslado, comida y hospedaje son necesarios y deben reconocerse, pero no sustituyen la remuneración por el trabajo cultural. Una comparsa de 30 integrantes recibiría mil pesos por persona; una de 20, mil 500 pesos por integrante.
Eso le molesta a Joseph Malone de la Paz.
Mire usted, el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) 2026 dispone de 5.3 millones de pesos para 84 proyectos, mientras ocho comparsas de Xantolo se reparten apenas 240 mil pesos.
El esfuerzo de los creadores y lo danzantes es el mismo, pero no reciben el mismo trato. A los primeros se les “estimula” por algo que apenas tendrá valor, a los segundos se les regatea un pago por una danza ancestral, que requiere aditamentos, ritual y un esfuerzo físico impresionante.
Crear algo nuevo merece apoyo. Pero conservar algo que ya forma parte de la identidad de un pueblo también debería merecerlo.
Y no es poca cosa. Los danzantes realizan una actividad física intensa, viajan desde sus comunidades hasta la capital y destinan tiempo a una representación que no solamente implica baile, sino vestuario, máscaras, música y una tradición que la propia convocatoria exige que sea auténtica y reconocida por la comunidad.
Por eso la Secretaría de Cultura debería dejar de pensar el apoyo como un “premio” de 30 mil pesos por comparsa y establecer, cuando menos, un estímulo de 100 mil pesos para cada grupo participante.
No se trata de quitar recursos a la creación artística. Se trata de revisar prioridades. Si existen bolsas para estimular a quienes crean obra nueva, también debe existir una política seria para quienes conservan una expresión cultural que no inventaron ellos, pero que tienen la responsabilidad de mantener viva.













