David Hockney: Adiós al genio del arte pop y el iPad 

Staff/El Mañana

  • El jueves se apagó la luz de uno de los gigantes del arte contemporáneo. David Hockney, el pintor británico, ha fallecido en su casa rodeado de su legado. 

Con una carrera que abarca más de seis décadas, Hockney no solo fue un referente del Pop Art, sino un revolucionario que se negó a quedarse anclado en el pasado, fusionando la tradición pictórica con la tecnología más moderna.

Su filosofía era tan clara como su paleta de colores: “la mano, el ojo y el corazón”. 

Y es que para Hockney, el arte no era solo una cuestión de técnica, sino de sentir y observar intensamente el mundo que le rodeaba.

Del Yorkshire industrial a las piscinas de California

Nacido en Bradford en 1937 en el seno de una familia trabajadora, Hockney pronto demostró que su talento estaba destinado a romper barreras. 

Después de formarse en el Royal College of Art de Londres, el joven artista dio el salto al otro lado del charco. 

Fue en Los Ángeles donde encontró su musa: el sol, el agua y un estilo de vida libertario que cambiaría su pintura para siempre.

Fue allí, en los años 60, donde nació el ícono que todos reconocemos: ‘A Bigger Splash’ (1967). 

Esta obra no es solo una pintura; es una congelación del tiempo, el momento exacto en que alguien salta a una piscina. 

Con una geometría perfecta y ese azul vibrante característico, Hockney capturó la esencia del “sueño californiano”, convirtiéndose en una de las imágenes más emblemáticas del arte pop.

Pero el británico no se limitó al agua. Fue un maestro del retrato, capturando a celebridades y amigos con una mirada que desnudaba el alma de sus modelos, y un explorador incansable del paisajismo, demostrado en sus imponentes series como ‘The Arrival of Spring in Woldgate, East Yorkshire in 2011’, donde regresaba a sus raíces para pintar el cambio de las estaciones con una vitalidad desbordante.

Un visionario en la era digital: El “objeto mágico”

Lo que hacía único a Hockney era su rechazo al miedo a la tecnología. Mientras muchos puristas miraban con recelo el avance digital, él abrazó el iPad como una nueva herramienta de creación.

Para el artista, la tableta no era una competencia al óleo, sino un “objeto mágico” que le permitía crear sin demora, capturando la luz y el color con una inmediatez que los pinceles tradicionales no le ofrecían. 

Esta fase culminó con obras monumentales como ‘Un año en Normandía’, una impresionante pieza de 91 metros de largo pintada durante el confinamiento de 2020, donde demostró que la creatividad no conoce encierros ni límites de edad.

Más allá del lienzo: Un carácter incombustible

Hockney fue mucho más que un pintor. Su curiosidad lo llevó a explorar la fotografía, la escenografía para ópera e incluso el arte con vidrio. Además, el artista destacó por su carácter singular y reivindicativo.

En 2012, la Reina Isabel II le condecoró con la Orden del Mérito en Buckingham, un reconocimiento a su contribución incalculable a las artes en el Reino Unido. Sin embargo, Hockney nunca fue un “santo oficial”. 

Fue un activista vocal contra la prohibición del tabaco en los pubs, defendiendo la vida social y la libertad por encima de la corrección política, siempre desde una perspectiva prismática y personal.

Su legado perdura en portadas icónicas, como la que protagonizó para ABC Cultural en 1997 con su obra ‘Dos sillas de playa, Calvi’, y en las colecciones de los museos más importantes del mundo.

David Hockney se ha ido, pero nos deja un mundo un poco más colorido y una lección vital: la innovación no mata a la tradición, sino que la hace vibrar de nuevo. 

Como él decía, para hacer arte solo necesitas tres cosas: la mano para trabajar, el ojo para ver y el corazón para sentir. Descanse en paz el maestro del color.

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