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- Macario Martínez, de 24 años, hasta hace poco subía a un camión de limpia
Con su música ya llegó hasta los escenarios que han pisado Dua Lipa y Natalia Lafourcade
Fotos: especial
CDMX.- En la jungla de concreto de la Ciudad de México, entre tambos naranjas y madrugadas frías, un joven se empeñó en hacer realidad algo que muchos ni se atreven a imaginar: cantar su verdad. Ese joven es Macario Martínez, de 24 años, quien hasta hace poco vestía uniforme verde y subía a un camión de limpieza.
Con un video grabado desde su puesto de trabajo diciendo: “La vida pide mucho y yo nomás soy un barrendero que pide que escuches su música,” Macario detonó. En solo tres días, su canción “Sueña lindo, corazón” sobrepasó los nueve millones de vistas y su nombre ya se escuchaba en la escena.
Durante casi un año, Macario fue jardinero, empleado de comida rápida y, finalmente, barrendero. Pero mientras los aplausos eran solo un sueño, él seguía escribiendo — y barriendo — con el mismo empeño. Cuando la viralidad lo alcanzó, no bajó la guardia: siguió rodeándose de su banda, de sus amigos, de su familia, y se negó a rendirse ante los que lo minimizaban.

De barrer calles a llenar escenarios: Macario Martínez demuestra que los sueños no se barren, se conquistan
Macario no solo canta; construye un puente entre lo tradicional y lo contemporáneo. Criado entre CDMX y Veracruz, aprendió jarana y se propuso mezclarla con folk y rock alternativo. El resultado: un “lenguaje propio, emocional y profundamente mexicano”.
En el calendario de Macario ya figuran fechas europeas (Barcelona, Madrid, Londres, París) y su presentación está marcada en el icónico Lunario del Auditorio Nacional del 15 de noviembre.
Su historia importa porque no es solo la historia de un artista emergente, sino de un mensaje más amplio: los que barren calles, sirven mesas, trabajan sin reflectores también tienen algo que decir. Macario visibiliza esas vidas poco celebradas y les da micrófono. Su ascenso derriba estereotipos: la fama no siempre llega desde el glamour; a veces arranca en el asfalto, con uniforme de trabajo, y una guitarra en mano.















