De vacunas y tecitos

Fui al pan, como cualquier cristiano decente, y al pasar por el consultorio del Doc Simi vi lo de siempre últimamente: un filón de gente esperando consulta. Y no es solo ahí, eh. Las clínicas andan a reventar.

Según todos traen “gripa”, pero no es la moquerita leve de siempre. Ya estamos en la temporada donde la influenza y otros virus andan sueltos como Pedro por su casa, y le pegan más duro a la gente que ya anda malita o con las defensas por los suelos.

Y aquí viene el remate: muchos siguen sin vacunarse. Sí, después de una pandemia mundial, todavía hay quien dice “a mí no me da”, “eso no existe”, “la influenza sí, pero el covi no”, y demás sandeces de sobremesa dichas con café en mano y WhatsApp abierto.

Lo más increíble es que confían más en los tecitos, el bálsamo de vaporub, las pastillitas de limón o en la curandera de la cuadra que en una vacuna. Y ojo, hasta esas brujitas de feria luego terminan bien malas en el hospital, con esos doctores “malévolos” que según no sirven… pero que al final son los que sacan a la gente adelante, si no llegan ya muy tarde.

Y luego está otra: por ahorrarse unos cuantos centavos, terminan pagando miles de pesos en un hospital, todo por no querer pagar una consulta o unos análisis a tiempo. Porque seamos honestos: si les alcanza para las chelas, los cigarros y el bailongo del fin, entonces también les alcanza para las cosas de salud más necesarias. Prioridades, pues.

Pero no, ahí los ve uno, subiendo estados de “ándamos malos”, “recen por mí” y “ando bien grave”, mientras siguen sin cubrebocas, sin vacuna y repartiendo virus como si fueran volantes. Luego se preguntan por qué todos en la casa caen uno tras otro, como fichas de dominó.

Así que neta, gente: vacúnense. No cuesta nada y sí salva vidas, sobre todo si en su casa hay adultos mayores, niños o personas enfermas. No sean tan descreídos. Llegaron a adultos porque sus jefecitas los vacunaron de todo cuando estaban más morros, aunque lloraran y patalearan.

Vacúnense y dejen de ser bolsas de virus con patas, que ya bastante tenemos. Porque luego vienen las quejas: que no alcanza para la consulta, que el hospital es caro, que nadie ayudó… pero bien que alcanzó para la fiesta, la foto pal Face y la cruda del lunes. Ahí sí, ni tos.

Atte. La Josefitas

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