¡Artes bajo el agua! La historia del mural oculto que Diego Rivera pintó para inundarse

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Staff / El Mañana

El icónico pintor mexicano creó una obra inmersiva en el Cárcamo de Dolores que permaneció sumergida durante casi 40 años.

A principios de la década de 1950, el muralista Diego Rivera sorprendió al mundo artístico al aceptar un proyecto sin precedentes: intervenir el Cárcamo de Dolores en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec. A diferencia de sus monumentales obras en edificios públicos pensadas para la eternidad, esta creación fue diseñada intencionalmente para ser cubierta por millones de litros de agua.

La obra, bautizada como “El agua, origen de la vida”, no se limitó a los muros del recinto. Rivera intervino el piso y el depósito por donde ingresaba el recurso hídrico a la capital. El pintor era consciente de que la corriente alteraría las figuras, tonos y reflejos de la pintura, convirtiendo al agua en un elemento vivo dentro de la propia composición artística.

Para desarrollar el discurso visual, el artista se adentró en temas de biología, paleontología y evolución, representando el surgimiento de las especies y el papel crucial del vital líquido. La propuesta adelantó por más de medio siglo los conceptos del arte inmersivo que hoy en día fascinan al público en distintas partes del mundo.

No obstante, el contacto constante con la humedad y los minerales provocó un severo deterioro en la obra tras casi cuarenta años de operación del sistema hidráulico. Tras la salida de funcionamiento del tanque, especialistas iniciaron un minucioso proceso de restauración para preservar el legado pictórico del maestro muralista.

Actualmente, el recinto opera como espacio museográfico y cuenta con una instalación sonora que evoca el diálogo entre la arquitectura, el viento y el agua. La obra del Cárcamo de Dolores permanece como uno de los experimentos más audaces y fascinantes dentro de la plástica mexicana del siglo XX.

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