Morena en Soledad: la simulación de un partido sin gente
En política, cuando no hay estructura ni respaldo social, siempre queda un recurso: simular. Montar escenografías, inflar fotos y fabricar narrativa. Eso es exactamente lo que hoy hace Morena en Soledad: usa la propaganda como sustituto de la fuerza real, aunque uno de sus principios fundacionales sea no mentirle al pueblo. Ironías del poder.
El sábado pasado el partido montó a nivel nacional una jornada de carpas bajo el rimbombante nombre de “Soberanía Nacional y la No Intervención”, con el lema “El respeto y la paz entre naciones”, para recabar firmas de respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en el marco de su postura contra la política intervencionista del presidente estadounidense Donald Trump. En Soledad, la operación quedó en manos del exsenador y hoy infumable delegado de la SCT, Eli Cervantes. El resultado fue tan elocuente como incómodo: una plaza prácticamente vacía y un evento que murió antes de empezar.
La escena fue tan fría como el clima. Al ver que no llegaba nadie, los organizadores optaron por levantar todo y retirarse. No solo para resguardarse del frío, sino para huir de la vergüenza política que supone exhibir el tamaño real de su estructura. El dato lo resume todo: apenas reunieron 27 firmas, las mismas de los pocos presentes.
La imagen no fue un accidente: fue un síntoma. Morena en Soledad es una ficción política. Su militancia se nutre de los restos del extinto PRD y de simpatizantes reciclados. No hay estructura propia ni liderazgo local. Por eso recurren a personajes importados, sin arraigo ni territorio.
Los números confirman el vacío. En las dos últimas elecciones Morena ha tenido como candidato a Juan Carlos Velázquez, “El Famyto”, un impresentable con cuentas pendientes con la justicia. En 2024, incluso con el arrastre presidencial, apenas superaron los 30 mil votos. Eso es Morena en Soledad: un partido que ni con viento a favor despega.
Mientras tanto, el gallardismo ejerce una presencia real en el territorio. Frente a eso, Morena luce como un partido de escritorio, más acostumbrado al comunicado que a la colonia.
La convocatoria del sábado terminó reducida a una regidora, Dulce Galván, que confunde oposición con estar en contra de todo, y a Joel Leyva, cuyo único mérito es oponerse a obras municipales. No lideran comunidades: administran su enojo.
Eso fue Morena ese día: una escenografía mínima y 27 firmas que retratan mejor que cualquier encuesta su tamaño real.
Quizá Eli Cervantes haría mejor en concentrarse en desatar el caos de la carretera 57, que hoy ahoga a miles de potosinos, en lugar de fingir que sabe de política. Porque, a juzgar por lo visto, ni en la SCT ni organizando eventos es su fuerte.
La política no se mide en hashtags, se mide en gente.
Y en Soledad, el sábado quedó claro que Morena tiene muy pocos de ambos.















