Ciudad Valles.- En la colonia donde todos se conocen, la señora María Petra Valentín Muñoz, de 73 años, ya no duerme tranquila. No es el calor, ni la edad… es el miedo. El miedo a que su propio hijo —drogadicto, agresivo y con una pistola en la mano— regrese a su casa y esta vez no solo grite o golpee, sino que dispare.

En abril pasado, la abuelita vivió una escena que parece sacada de una película de terror: su hijo la golpeó salvajemente, la amenazó de muerte y la retuvo por horas, mientras el resto de la familia trataba de intervenir. También golpeó a su esposa, y cuando la violencia se desbordó, María Petra apenas alcanzó a huir y esconderse en casa de otro de sus hijos.
Desde entonces, vive con miedo, con puertas reforzadas y un corazón roto, sabiendo que su agresor sigue libre, rondando por ahí, sin que la ley se mueva tan rápido como sus amenazas.
“Ya no quiero verlo, ni que me hable. Si no lo meten preso, un día va a hacer una locura con esa pistola”, dijo entre lágrimas, mientras agradeció el apoyo médico, psicológico y legal que ha recibido por parte de la Defensoría Social Municipal, que la acompaña en su denuncia.
A más de cinco meses del ataque, el proceso sigue abierto y la víctima sigue esperando justicia, con la esperanza de que las autoridades no la dejen sola. La Defensoría Social confirmó que el caso permanece en seguimiento, y reiteró su compromiso de proteger a las personas mayores ante cualquier forma de violencia familiar.
María Petra no quiere venganza. Solo quiere paz. Una paz que, por ahora, se le niega mientras su hijo anda suelto… y ella, presa del miedo en su propia casa.
















