Deseaban ver carreteras tomadas por las huestes del caído; anhelaban contar con imágenes de autos incendiados y gente llena de terror huyendo de plazas comerciales y gasolineras, o caminando por las vías del ferrocarril; hacían apuestas acerca de quién sería el chivo expiatorio, el culpable, el pagano. Se quemaban en el ardor de las ansias y su combustión fue espontánea y de puro coraje porque en San Luis Potosí no pasó nada. Nada. Nadita.
Como en el albur, después de tres segundos no hay respuesta que valga; y no faltan ilusos elucubrando que los efectos del reinicio de la guerra contra el narco serán devastadores para nuestro Estado, debido a la magnitud de la reacción de los grupos asociados con el hoy abatido líder del CJNG. Y la verdad es que aquí los pajarillos cantaban, las campanas de las iglesias expandían sus ondas sonoras por el cielo intensamente azul de ese domingo 22 de febrero.
A través de sus “lives” de Facebook y sus medios “patito” de comunicación anunciaban que la central de autobuses había sido cerrada, que el aeropuerto suspendía sus vuelos, que las carreteras eran territorio sin ley, y que era mejor no asomar por las ventanas. Intentaron crear una psicosis colectiva motivados por su animadversión hacia el gobernador y el movimiento gallardista, y de forma irresponsable provocaron y se sumaron a la infodemia que terminó siendo desmentida por la realidad.
A cinco días de los hechos que conmocionaron a México, tirios y troyanos, propios y ajenos, damas y caballeros pudimos ser testigos de que en San Luis Potosí se ha logrado construir una barrera firme de paz y gobernabilidad, merced al trabajo del Gobernador Constitucional del Estado, Ricardo Gallardo Cardona, y el Secretario General de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez, así como de su equipo de trabajo en materia de Seguridad y Gobernanza.
Si algo destacó en el mapa del conflicto nacional, era el verde de San Luis Potosí. A pesar de estar rodeado por estados en estado de guerra como Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato y Tamaulipas, aquí todo transcurrió en paz. Y eso es de celebrarse, a pesar de que a un pequeño grupo de opositores les cueste reconocer que entre nuestras fronteras nos sentimos a salvo durante esas largas horas.
Ese domingo 22 de febrero, ni el Gobernador ni el Secretario General tomaron un minuto de descanso para coordinar las tareas de blindaje de nuestra Entidad. Desde el alba hasta el día siguiente permanecieron al tanto de cada novedad, instruyendo a los cuerpos de seguridad que no bajaran la guardia ante cualquier eventualidad que pusiera en riesgo la tranquilidad de las familias potosinas.
El saldo fue blanco, para fortuna nuestra. Por consecuencia, el Potosí sin límites se muestra como un territorio donde no se permite la instalación ni, mucho menos, consolidación de grupos del crimen organizado, donde se puede apostar por la inversión productiva, y donde se puede vacacionar sin temor de que, a la vuelta de la esquina, una guerra sorprenda al turista local, nacional o extranjero.
En momentos de crisis la economía, la estabilidad, la paz social y el quehacer de la sociedad potosina se encuentran a salvo. Ojalá que los estados donde se suscitaron eventos de violencia y pérdida de gobernabilidad recuperen el control de sus fronteras. Entre todos se puede construir un país de paz, siempre y cuando se actúe como se actuó en San Luis Potosí: con firmeza e inteligencia. Y que los agoreros del desastre se dediquen a otra cosa, porque a nada le atinan.













