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Washington.— Durante el trayecto en el avión presidencial hacia Mar-a-Lago, Donald Trump fue abordado por la reportera de Bloomberg Catherine Lucey, quien le preguntó sobre los documentos y correos electrónicos relacionados con Jeffrey Epstein y posibles vínculos. En respuesta, el presidente exclamó: “¡Cállate, cerdita!”.
El momento se viralizó rápidamente: en redes, el gremio periodístico y figuras como Gretchen Carlson lo calificaron de “repugnante y degradante”.
Desde la Casa Blanca se intentó defender el episodio, argumentando que el presidente simplemente respondió a una provocación, lo cual ha sido rechazado por varios medios como una coartada insuficiente.

La pregunta incómoda sobre Epstein aparece justo cuando más de 20 000 documentos vinculados al escándalo han sido hechos públicos por el Congreso, lo que coloca a Trump bajo una lupa mayor.
En resumen: un jefe de Estado que se envuelve en insultos en vez de respuestas claras, y un gremio de prensa que exige respeto mientras mantiene el derecho de interrogar.

















