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Por Joseph Malone de la Paz
A falta de ganas de varios periodistas culturales que ya les da flojera arrojarse al ruedo y usar la pluma para combatir las injusticias en el mundillo cultural, Joseph Malone insiste en señalar los agravios que las instituciones le causan a las nuevas promesas de la cultura en San Luis Potosí.
Desde la Ciudad de Mexico y ahora desde San Luis Potosí, Malone de la Paz ha denunciado por lustros que los fondos públicos para la cultura benefician a los mismos de siempre.
El Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) en San Luis Potosí, lejos de democratizar el arte, opera como un circuito cerrado donde un puñado de creadores se recicla convocatoria tras convocatoria.Un cruce de datos de las emisiones 2017, 2023 y 2025 revela una anomalía sistemática: el 11 por ciento de los estímulos es acaparado por un monopolio parcial. No se trata de un problema de corrupción directa de los jueces —quienes se rotan mediante tómbola nacional—, sino de unas reglas de operación estatales laxas y con nulos candados de temporalidad que permiten a los artistas consolidados perpetuarse en la nómina cultural.
El caso más alarmante es el del “Grupo de los Siete”, un bloque compacto que repitió el beneficio económico de forma consecutiva entre 2023 y 2025. Se trata de Sandra Delgado Cisneros, Ivette Janín Garcín Zavala, Luis Gabriel Salazar Soto, Sahiye Berenice Cruz Villegas, Valeria Herrera de Regil, Emmanuel López y Amanda Yuritzi García Schmidt. Este grupo capturó 850 mil pesos del presupuesto estatal.La concentración asfixia principalmente a las Artes Visuales y a la Música, pero el daño colateral más grave ocurre en los rubros de “Adolescentes” y “Jóvenes Creadores”. Al permitir que los mismos nombres aseguren los recursos consecutivamente en bolsas diseñadas para nuevos talentos, la Secretaría de Cultura estatal taponea el relevo generacional.
Sin embargo, lo que este grupo de artistas consigue del erario es un pelo de gato comparado con los 6 millones de pesos de los de antes 12 millones de pesos de los actuales consiguió Jesús Coronado para un teatro “Rinoceronte enamorado” que solo es suyo, que se avejenta con el paso de los años y que solo abre sus puertas para enaltecer el ego de un actor que ya no es actor en un teatro que ya no es teatro, sino bodega de su ambición y su egolatría.














