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ESCENARIOS
Cada vez que México enfrenta una crisis, reaparece una vieja tentación: esperar que alguien más venga a resolver nuestros problemas. Hoy, ante la violencia del narcotráfico y los desafíos de seguridad, algunas voces miran hacia Estados Unidos como si desde Washington pudiera surgir la solución que nosotros mismos no hemos sido capaces de construir.
La historia aconseja prudencia.
Las naciones no se mueven por amistad, sino por intereses. Estados Unidos no es la excepción. Desde la guerra de 1846-1848, que terminó con la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano, hasta la ocupación de Veracruz en 1914, los episodios de intervención estadounidense han estado ligados a cálculos estratégicos, económicos o de seguridad. Pensar que cualquier acción de nuestro vecino del norte responde únicamente a la preocupación por México es ignorar una constante de la geopolítica.
Hoy el mundo sigue girando alrededor de la energía. El petróleo y el gas continúan siendo factores determinantes en la economía global. Basta observar las tensiones en Medio Oriente y el papel estratégico de rutas marítimas y estrechos internacionales para entender que detrás de muchos conflictos existen intereses económicos de enorme magnitud. El trasfondo suele ser menos ideológico de lo que aparenta.
Por eso, cuando escuchamos amenazas, presiones o discursos cada vez más duros sobre el combate al narcotráfico, debemos mantener una visión crítica. No se trata de negar nuestros problemas, que son graves y reales, sino de entender que ninguna potencia actúa desinteresadamente.
México y Estados Unidos sostienen uno de los intercambios comerciales más importantes del planeta. En 2025, el comercio bilateral de bienes superó los 870 mil millones de dólares, consolidando a México como uno de los socios comerciales más importantes de Estados Unidos. [citation] Detrás de cada declaración política existe también una dimensión económica que no puede ignorarse.
El riesgo está en asumir una postura clientelista como nación, creyendo que alguien más vendrá a resolver aquello que corresponde solucionar a los mexicanos. La seguridad no llegará desde el exterior. Tampoco el desarrollo, la justicia ni la prosperidad.
Cooperar con nuestros socios es indispensable; depender de ellos es otra cosa.
Al final, Estados Unidos seguirá defendiendo los intereses de Estados Unidos. La verdadera pregunta es si México está dispuesto a defender los de México. Porque los grandes desafíos nacionales no se resuelven esperando al vecino. Se resuelven cuando una sociedad entiende que su futuro no cruza una frontera: se construye desde casa.















