El Separador
Timotheé Chalamet, activo fijo de A24, es un actor que me cae re bien: es guapetón, talentoso y ha sido dirigido en películas de todas las tallas, lo que me llevó a verlo en Marty Supreme, que no es del todo una biopic sino una cinta estrenada la quincena pasada que avanza entre la comedia de los churros gringos, la tragedia de los habitantes de la postguerra neoyorquina y un poquito-no-mucho de pieles acariciadas. Con un papel muy corto, pero importante, el director, Josh Safdie propone música de los 80´s que reduce el frío y da velocidad emocional de rollercoaster a una historia de dos horas y media de celuloide palomero.
Gwyneth Paltrow luce radiante; Fran Drescher AKA la Nana Fine y Odessa Zion, también tienen lo suyo mientras el rapero Tyler The Creator, morenazo carismático es mejor con el micrófono. No dejó de caerme muy mal, el más sangrón de Shark Tank: Kevin O´Leary, íntimo de Donaltrom quien -incluso con un tupé- luce como sí mismo en este elenco.
La angustia de un chamaco empapada de necedad, avaricia y ansias por transformar su realidad, lo hacen parte de un sistema donde la trampa es la constante; al igual que un amor por el que vale la pena arriesgar las bolas -de pin pong- o llevarse 2 o 3 raquetazos en las nalgas: la delincuencia organizada tiene reglas muy claras.
Esta cinta taquillera incluye mensajes imperialistas: retas entre gringos, judíos y japoneses, denuncia a los cerdos capitalistas y los güeros siempre ganan. Marty, redimido como Supreme no pierde el tiempo en romanticismo; explota su verdadero “talento tranza” para conseguir a-toda-costa la raqueta que vale la pena en el juego de la vida.
Nostalgia por ese pin pong que tanto disfrutamos en los 80´s, cuando alguien de la “bolita” tenía mesa, raqueta e idems para practicarlo entre manos sudorosas; mientras el viento repentino hacía las tardes más llevaderas.
Safdie es otro del “me too” desde 2017. Todo juego tiene su muerte súbita.
















