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El Mundial está en casa

Ana & Lisa

Estamos a unas cuantas horas de que el balón ruede y comience el Mundial en México, un evento histórico que tiene el poder de paralizar al planeta y reunirlo en torno a la magia del deporte. Es verdad, y no podemos tapar el sol con un dedo: sabemos que hay mucho ruido alrededor. Existen quejas legítimas, obras que se quedaron a medias o precios para los partidos que resultan inalcanzables. Sin embargo, hoy queremos hacer una pausa. En esta nota queremos enfocarnos en algo que también está presente y nos une: el inquebrantable espíritu deportivo.

Durante el próximo mes, los ojos del mundo estarán puestos en las canchas. El Mundial reúne a los mejores atletas de alto rendimiento, seres humanos que han sacrificado años de su vida por un solo instante. Llegan con el firme compromiso de dejar una huella imborrable a través de su entrega, su pasión y el juego limpio, regalándonos jugadas que nos demuestran las hazañas casi sobrehumanas de las que es capaz nuestro cuerpo.

Pero la magia no solo ocurre en el pasto, sino también en las gradas y en los hogares. Millones de personas se aferran a la esperanza de que su equipo, ese que representa sus raíces, su historia y su identidad, logre triunfar. Es esa búsqueda de una alegría compartida lo que nos lleva a abrazarnos con desconocidos y a permitirnos soñar con levantar la copa.

Y es que, ¿a poco no se nos llena el corazón de alegría con todo lo que rodea esta fiesta? Desde la música vibrante que se convierte en la banda sonora de nuestras vidas por unas semanas, hasta esos programas de televisión que van más allá del análisis táctico. Esas transmisiones nos abren una ventana al mundo, mostrándonos no solo el ámbito deportivo, sino la riqueza de la cultura, las costumbres y la forma de pensar de diferentes naciones.

Esta vez, esa ventana nos muestra nuestra propia casa. Pensar en que México será la sede nos llena de orgullo, porque es la oportunidad perfecta para que otros países conozcan nuestra verdadera esencia. No negamos los retos de inseguridad que enfrentamos a diario, pero somos muchísimo más que esos titulares. Somos una nación construida sobre una cultura inmensa y milenaria; somos los creadores de una gastronomía que, quien la prueba, no duda en ponerla en su lista de favoritas.

Pero, sobre todo, nuestro mayor tesoro es nuestra gente. Somos anfitriones alegres, cálidos, amables y poseedores de un espíritu luchador ,literal y metafóricamente, que no se rinde ante las adversidades y que siempre sabe cómo levantarse con una sonrisa. Para nosotras, vivir esto es volver a la infancia: recordar cómo nuestras familias organizaban el desayuno, la comida o la cena para ver jugar a la Selección. Gritábamos y apoyábamos frente al televisor como si estuviéramos en la tribuna del estadio; todos nos poníamos “la verde”, sonaba a todo volumen esa canción que nos erizaba la piel al hablar de México, y los jugadores parecían ser parte de nuestra propia familia. Y es que así somos los mexicanos: hacemos de cada momento un hogar.

Hoy, a puertas de esta gran celebración global, te invitamos a disfrutar. Te invitamos a tomar ese espíritu de perseverancia, unidad y pasión que veremos en la cancha, y llevarlo a cualquier esfera de tu vida diaria. Llenemos nuestros días de positivismo, e ilusión renovada y, sobre todo, contagiémonos de ese inagotable y muy nuestro: “¡Sí se puede!”.

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