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Cesar Cedillo
Yo veo en José Luis Romero Calzada, “El Tecmol”, algo que rebasa la aspiración de gobernar Ciudad Valles: veo una obsesión. Su campaña parece un espectáculo donde todo sirve para conseguir seguidores, provocar reacciones y alimentar una imagen de salvador.
Me incomoda su manera de presentar la ayuda. Se especializa en personas enfermas, heridas o en vulnerabilidad, invariablemente terminan expuestas ante las cámaras. La solidaridad pierde sentido cuando el dolor ajeno parece convertirse en combustible para las redes. Y cuando algunos de sus seguidores comparan a quienes lo rodean con una secta, la señal debería encenderse. Yo percibo a El Tecmol como una especie de pastor de ese grupo: habla con vehemencia, promete, provoca y espera adhesión, mientras la crítica parece quedar fuera.
Pero su influencia tampoco se limita a los sectores populares. También existen empresarios que se han dejado convencer y que terminan respaldando económicamente sus eventos, ocurrencias y caprichos.
Lo veo recorrer colonias prometiendo soluciones que un alcalde tendría que sustentar con presupuesto, atribuciones y proyectos viables. Mientras promete, dedica tiempo a atacar a David Medina y a repetir que él sería mejor presidente municipal. Se autoproclama “la mera verdura del caldo”, expresión que, desde mi perspectiva, retrata más su afán de protagonismo que una visión seria de gobierno.
Tampoco ignoro sus episodios de confrontación. Cuando fue candidato a gobernador, insultó a habitantes de La Hincada por impedirle aterrizar su helicóptero. Después arremetió con lenguaje de odio a la entonces alcaldesa de Ébano. Recientemente, un video en el que hizo señas obscenas a un trabajador cañero volvió a exhibir su estilo.
Baila, hace bromas, busca reflectores en actividades juveniles como “farmear Aura” y parece creer que todo eso lo hace gracioso. Yo lo veo distinto: lo veo ridículo. Esa conducta poco abona a la imagen de quien pretende gobernar un municipio tan importante como Ciudad Valles.
Yo no cuestiono su derecho a competir. Cuestiono qué clase de gobierno propone. Gobernar no es viralizarse, humillar, prometer sin sustento o convertir la política en espectáculo. Ciudad Valles merece un alcalde serio, preparado y responsable; merece un alcalde con altura y rigor, no un personaje obsesionado con demostrar que puede llegar al poder a cualquier precio. Yo no puedo tomar como virtud que la polémica sea su principal herramienta de posicionamiento, ni confundir popularidad digital con capacidad real para gobernar con seriedad y resultados.














