INTERCAMBIO DE SALIVA
Le queda una hoja al calendario de carnicería que cuelga de la pared de la cocina. La sensación del fin del mundo que suele dar la temporada se anestesia unos momento, con el sorteo mundialista. Cuando las señoras decoraban su casa de Navidad, por allá por Díademuertos, yo ya estaba vocalizando Los Peces en el Río.
Se vislumbra el 12D inicio de la carrera guadalupana que termina el 6E y que alienta el consumo hasta-no-verte-Jesús-mío, de uno de los detonadores de cualquier tipo de violencia, dentro y fuera de la oficina, con todo y la proliferación del alcoholímetro. Las promesas de leer más y ver más películas en la sala de cine el próximo año -como cada diciembre- ya están en primera fila.
La temporada navideña puede parecer para algunos una pesadilla con fiebre; y para otros la prolongación del Halloween.
Quizá un antídoto sea la cinta francesa Deux personnes échangeant de la salive -Dos Personas Intercambiando Saliva- de Alexandre Singh, cortometraje trágico-absurdo de 2024 cuyo postulado, nada alejado de la realidad, a algunos nos puso a reír y a babear desde hace un mes.
Imagínese en una sociedad donde besarse se castiga, y una mujer infeliz y compradora compulsiva de grandes almacenes pone a prueba su resistencia a la comisión del delito por su fascinación por una vendedora -que solamente hace su trabajo- despertando sospechas y apetito de traición.
La cinematografía es peculiarmente atractiva: la carga dual que va de la violencia a la seducción, de la belleza a la fealdad, de la sutil sensación del mal o el buen aliento a la bofetada como moneda transaccional. Del blanco al negro y sus matices, los nombres de los personajes inician el recorrido onírico en una dimensión en que todo parece lógico.
Actividades estéticas en su máxima expresión, pesadilla decembrina que puede ver en plataformas sin salir de casa y saltarse el alcoholímetro.















