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El Sotano

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SE ZAFA EL JEFE POLICIACO
¡Vaya joyita de secretario de seguridad tenemos en la capital!.
Juan Antonio Villa acaba de inaugurar una nueva técnica para combatir al crimen: el “maratón del deslinde”.
Tras el trágico ataque armado en la delegación de La Pila, donde elementos de la Guardia Civil Estatal perdieron la vida, el titular de la SSPC municipal corrió a lavarse las manos más rápido que Poncio Pilato, aventando la bolita a cualquiera que se dejara.
Para Villa, la Policía Municipal no es la primera autoridad obligada a intervenir porque, según su lógica, “no hay un primer respondiente y aquí somos todos”.
¡Brillante! Bajo esa premisa, si pasa algo malo la culpa es de la Federación, del Estado, del vecino o del Espíritu Santo, pero jamás del Ayuntamiento.
Se le olvida al jefe policial que la prevención del delito y la reacción inicial están firmemente escritas en la Constitución como obligaciones de su corporación.
Lo más cínico del asunto es que Villa insiste en que tienen “presencia permanente” en la zona a través de un operativo.
Pero al mismo tiempo, confesó que el día del ataque “no llegó ningún reporte”.
A ver, explíquenos: si tienen patrullas vigilando permanentemente un foco rojo histórico por homicidios y balaceras, ¿cómo es posible que un enfrentamiento de esa magnitud les pase de noche y se enteren hasta que ya acabó el tiroteo?.
Para rematar el chiste, calificó la tragedia como un “hecho atípico”.
Habrá que comprarle un mapa y un periódico al secretario, porque en La Pila las ejecuciones y los ataques a policías ya son parte del paisaje diario.
Mientras Villa espera sentado a que la Fiscalía investigue para armar una “reunión”, los potosinos siguen huérfanos de una verdadera estrategia de prevención en la capital. ¡Menos juntas y más patrullas!.

¡¡¡ Y SOPORTA !!!.
¡Y la que soporte!.
Quien de plano demostró tener la brújula política completamente descompuesta y una alarmante falta de “colmillo” fue la regidora priista Margarita Hernández Fiscal.
A la funcionaria se le hizo buena idea colarse a la Marcha del Orgullo LGBTIQ+ en la capital potosina, pero no para marchar codo a codo por los derechos humanos, sino para armar un descarado mitin proselitista a favor del Ayuntamiento.
Subida en el escenario, Doña Margarita intentó ensayar discursos de alabanza y repartir créditos políticos al alcalde Enrique Galindo. ¡Craso error!.
La respuesta de la comunidad fue un portazo de realidad inmediato: en lugar de los aplausos que esperaba, le llovió una monumental rechifla y un abucheo ensordecedor.
Desesperada, la regidora intentó mitigar el rechazo gritando más fuerte al micrófono, pero solo logró hacer el ridículo más grande.
Alguien debió avisarle que el Orgullo no es una pasarela de funcionarios hambrientos de votos ni un foro de campaña rumbo al 2027.
Es un espacio de memoria, exigencia y dignidad que se ha construido a base de lucha ciudadana.
Querer colgarse de una movilización social histórica para quedar bien con el jefe de la capital es una penosa muestra de oportunismo. La comunidad le dejó claro que sus derechos no se negocian ni se usan como propaganda.

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