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El Sótano

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Del tal Valladares y la realidad

Enrique Galindo anda muy entusiasmado presumiendo la película sobre la captura del “Chapo”, donde el personaje del “Comandante Valladares” se inspira en sus épocas de gloria policial. El alcalde jura y perjura que la cinta está “muy apegada a la realidad”. Sin embargo, mientras en las pantallas de cine se proyecta como el héroe de acción y el gran policía que México esperaba, la realidad en las calles de la capital de San Luis Potosí cuenta una historia de terror completamente distinta, donde los balazos de utilería se convierten en pérdidas reales para los ciudadanos.
El verdadero “guion” que viven los potosinos lo acaba de publicar el INEGI a través de la encuesta ENVIPE. Los datos son fríos y dejan mucho que desear sobre su gestión en la Alcaldía: los delitos del fuero común —como el robo en la calle, en el transporte público, de vehículos y a casas habitación— tienen bajo asedio a las familias. Lo grave no es solo el miedo, sino el bolsillo; la ENVIPE revela que estos delitos provocan un daño financiero promedio de 7 mil 130 pesos por familia afectada. Esta cifra convierte a la delincuencia en SLP en una de las más costosas entre las ciudades del país. Menos alfombras rojas y más seguridad, Comandante.

Sordera a los estudiantes

San Luis Potosí vivió un milagro en la Plaza de Armas: mientras la clase política potosina sigue ensayando sus mejores sonrisas para los espectaculares, un grupo de jóvenes voluntarios tuvo que salir a hacer la chamba que a los de arriba les da flojera. En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, estos muchachos demostraron que el presupuesto para la empatía es lo único que no sufre de austeridad republicana ni de herencias malditas en el estado.
Resulta que la reciente tragedia de un estudiante universitario tuvo que ser el despertador para una sociedad y un gobierno que prefieren ignorar las goteras del alma. Los folletos de apoyo emocional gratuito se agotaron más rápido que las promesas de campaña. Qué ironía que en la era de la “conectividad total”, los potosinos tengan que enterarse en plena plaza pública sobre a dónde acudir para no colapsar, porque las millonarias campañas de difusión de la Secretaría de Salud nomás no se ven por ningún lado. Al parecer, para los funcionarios, lo que no genera votos en el corto plazo simplemente no existe.
Por supuesto, no faltaron los ciudadanos de moral distraída que pasaron de largo con comentarios dignos de la era de piedra. Y es que en el rancho grande, para muchos hombres, expresar tristeza o vulnerabilidad sigue siendo visto como un pecado mayor que manejar a exceso de velocidad por la Salvador Nava. Mientras los políticos se acomodan la corbata y presumen redes de apoyo invisibles desde la comodidad de sus oficinas con aire acondicionado, los chavos rompen el silencio en las banquetas. A ver si al rato al Ayuntamiento no le da por cobrarles derecho de piso por andar salvando vidas en la vía pública.

El precio del silencio

La tragedia del joven Santiago González en la Facultad de Ingeniería desnudó la cruda realidad de la UASLP: la seguridad universitaria es un cascarón de 28 millones de pesos que no sirve para reaccionar.
Mientras el rector Alejandro Zermeño se toma la foto, los alumnos denuncian que pasaron siete agónicos minutos de riesgo visible sin que nadie moviera un dedo. ¿De qué sirven los guardias de la mina de oro llamada Firma de Asesores en Seguridad Privada Inteligente —propiedad del célebre J. Guadalupe Castillo Celestino— si no hay ni capacitación ni protocolos básicos? Con solo 9 guardias cuidando a miles de almas en la Zona Poniente, el millonario negocio huele a complicidad oficial. Rector: menos discursos solemnes y más cuentas claras; la vida estudiantil no es una licitación para los amigos.

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