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El Sótano

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EL GANDALLA
Nos cuentan que el lunes pasado la senadora y presidenta panista, Verónica Rodríguez, armó una misteriosa convocatoria en el Fiesta Americana.
La cita era obligada para diputados locales, federales, aspirantes y cuanto suspirante respira rumbo al próximo proceso electoral.
La promesa: una encerrona puramente panista para definir el rumbo estratégico.
Pero ¡oh, sorpresa! Apenas se acomodaron en las sillas, quien apareció con el micrófono en la mano y el mando del evento no fue la jefa del partido, sino el mismísimo alcalde Enrique Galindo.
Los rostros de desconcierto se multiplicaron en el salón. El “gandallismo” potosino en su máxima expresión.
Lo verdaderamente jugoso —y peligroso— vino después. Sin titubear, el edil les soltó una bomba que dejó frío a más de uno: aseguró que él ya tiene acuerdos amarrados con Morena y la presidenta de la República.
Así, con esa soltura, intentó “bajar línea” dictando que la consigna absoluta es enfocar todas las baterías contra el Partido Verde y el proyecto de la Gallardía, sellando una tregua de paz y no agresión con la 4T.

REBELIÓN
¡Ardió Troya !…De inmediato, varios panistas de cepa pegaron el brinco. ¿Cómo que pactando con los de enfrente?.
El reclamo unánime no se hizo esperar: recordaron que la línea del líder nacional, Jorge Romero Herrera, es clarísima: el enemigo frontal es Morena.
Hubo quienes se levantaron de la mesa para reclamarle en su cara que el PAN no se va a arrodillar ante el oficialismo por caprichos locales.
Al ver que el panismo no es tan dócil como pensaba, a Galindo no le quedó de otra más que recular mañosamente. “Bueno, bueno, hay que tirarle a los dos”, balbuceó para calmar las aguas.
La molestia en las filas panistas quedó al rojo vivo; quedó claro que el alcalde no ve por la institución ni por un proyecto colectivo, sino por sus puros y pragmáticos intereses personales.

PROMETER NO EMPOBRECE
Pero las sorpresas en la comedia política potosina no terminan ahí. Un pajarito nos sopló un dato de antología: el pasado 15 de septiembre, en un discreto restaurante allá por el oriente de la capital, se armó una cumbre de lo más bizarra.
Se reunieron el aspirante del PAN a la alcaldía, Marcelito de los Santos Anaya, y la ahora funcionaria Gallardista —además de ex panista y ex candidata gubernamental—, Sonia Mendoza, mejor conocida en el bajo mundo de la grilla como “La Toñita”.
En teoría era un pacto secreto.
La señora llegó muy alzada a ofrecerle en charola de plata la estratosférica cantidad de ¡180 mil votos! Según sus cuentas alegres, esa es la estructura que maneja en la capital.
El trato era simple: ella le endosaba ese “capitalazo” electoral a cambio de asegurar regidurías en el Cabildo y posiciones clave en la alcaldía si Marcelo llega a ganar.
Lo divertido es que el bueno de Marcelito se fue con la finta, se emocionó tanto que se la creyó completita y ahora anda presumiendo el “acuerdoazo” con Sonia por todos lados.
¡Alguien que lo despierte!, porque “La Toñita” Mendoza no ganá ni en su cuadra.
Porque como decía mi abuelita, “prometer no empobrece, lo que Chin…Ga es cumplir”.

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