El teatro que pagamos todos: Siguiendo la huella del PAICE

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Por Joseph Malone de la Paz

En la capital de San Luis Potosí no sólo tenemos un Teatro de la Paz avejentado que acusa el paso de los años y al que la Secult ni gestiona recursos ni le invierte lana para rehabilitarlo, ni un Teatro Alarcón, cuyo deterioro avanza entre el abandono por un sindicato millonario que no le interesa rescatarlo. No solo tenemos el Carlos Amador, también tenemos otro teatro levantado con millones de pesos federales y estatales que, pese haber sido financiado con dinero público, lo disfruta de manera caciquil una familia y su selecto e intelactualoide grupo de amistades.
La historia comienza con el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE), creado por el gobierno federal para rescatar teatros, museos, casas de cultura, bibliotecas y otros espacios destinados al desarrollo artístico. La finalidad era sencilla: que aumentara el patrimonio cultural en los Estados, y que el existente dejara de ser un privilegio y se convirtiera en un bien al servicio de la sociedad.
Los documentos oficiales revelan que ese recinto recibió al menos 3 millones 792 mil pesos en 2008. Dos años después obtuvo 1 millón 430 mil pesos adicionales y, en 2011, volvió a ser favorecido con 1 millón 100 mil pesos más. En apenas cuatro años acumuló 6 millones 322 mil pesos de recursos federales, además de apoyos del gobierno de Marcelo de los Santos Fraga y de Fernando Toranzo Fernández, una cifra que contrasta con otros proyectos potosinos que fueron rechazados o permanecieron sin apoyo.
Estos apoyos federales dirigidos exclusivamente a esa familia más de 6 millones de pesos que entre 2008 y 2011 valían mucho, mucho más de lo que hoy representa esa cifra, excluyeron proyectos para rehabilitar la casa de cultura de Soledad de Graciao Sánchez y otros proyectos culturales en Tamazunchale y otros municipios.

La pregunta no es si el dinero se entregó conforme a la ley. La verdadera discusión es otra: ¿qué recibió la sociedad potosina a cambio de esa inversión?, ¿se cumplió el propósito de crear un espacio verdaderamente público y accesible o los beneficios terminaron concentrándose en un círculo reducido?

Los documentos comienzan a ofrecer respuestas. Y vale la pena revisarlos con lupa…

Pd.- Terminó la 46 edición del Festival Estatal de Sanza Lila López, mitad muy bueno, mitad una vergüenza.

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