El último año de Galindo: ¿obras para la ciudad o para la campaña?

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Desde la Banqueta

Ericka Segura.

En política, el tiempo suele revelar las verdaderas prioridades de los gobernantes. Y en San Luis Potosí, el último año del trienio de Enrique Galindo Ceballos parece estar confirmando una sospecha que cada vez toma más fuerza, las grandes obras no llegaron cuando la ciudad más las necesitaba, sino cuando más le convienen políticamente al alcalde.

Durante buena parte de su administración, Galindo presumió programas, reconocimientos y eventos. Sin embargo, las llamadas “magnas obras” aparecieron justo cuando el calendario electoral comienza a asomarse rumbo al 2027. Casualidad o estrategia, cada ciudadano tendrá su propia respuesta.

Los números generan más preguntas que certezas. El Ayuntamiento obtuvo alrededor de 658 millones de pesos por la venta de 13 predios municipales. A ello se suma una deuda bancaria por hasta 200 millones de pesos. En total, la administración tendría disponibles cerca de 858 millones de pesos.

Ahora bien, la nueva UBR Maravillas costará 44 millones. El paquete de obras que incluye el puente de Jacobo Payán y la Vía Rápida Maravillas representa aproximadamente 600 millones. Sumando ambos proyectos, hablamos de 644 millones de pesos. Incluso si se agregara el paso a desnivel del Saucito, estimado por el Ayuntamiento en más de 300 millones, la cifra total rondaría los 944 millones.

Pero aquí surge el principal conflicto. El Gobierno del Estado sostiene que la obra del Saucito podría costar alrededor de 150 millones, es decir, apenas la mitad de lo proyectado por el Ayuntamiento. La inflación acumulada de los últimos años difícilmente justificaría un incremento de casi el 100 por ciento. Si una obra pasó de 150 a más de 300 millones, la explicación no puede reducirse únicamente al aumento de precios.

La ruptura entre Ricardo Gallardo y Enrique Galindo también deja otra interrogante sobre la mesa. Si el Gobierno del Estado construirá por su cuenta el distribuidor vial de la salida a Guadalajara, ¿qué ocurrirá con los recursos que el Ayuntamiento contemplaba destinar a ese proyecto? Y si la Contraloría continúa frenando licitaciones o rechaza algunos expedientes, ¿dónde terminará ese dinero?

Son preguntas legítimas porque los recursos públicos no pueden quedar en una zona gris, mucho menos cuando el propio gobernador ha acusado que no permitirá convertirse en trampolín político de nadie.

Mientras tanto, en Soledad, Juan Manuel Navarro ha optado por otra ruta, menos discurso y más ejecución. La modernización de Valle de los Fantasmas se convirtió en una obra tangible que mejora la movilidad, fortalece la conectividad y beneficia diariamente a miles de usuarios. Sin campañas anticipadas, sin confrontaciones y sin vender la obra como un proyecto personal.

La diferencia es evidente. Unos construyen infraestructura para resolver problemas. Otros parecen construir escenarios para las fotografías del 2027.

Porque al final, las obras públicas deben servir para mover una ciudad, no para impulsar una candidatura.

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