Cesar Cedillo
Después de muchos años de ausencia en los grandes foros internacionales, San Luis Potosí regresó a la Feria Internacional de Turismo (FITUR) con una narrativa clara: reposicionarse en el mercado turístico global con visión estratégica. FITUR, considerado el evento de promoción turística más influyente del mundo, representó un espacio de definición económica para un sector que busca consolidarse como motor de desarrollo regional.
Por primera vez, las 32 entidades federativas bajo el Gran Pabellón de México, fue una señal de coordinación institucional que cobra especial relevancia en la antesala del Mundial de Futbol 2026. En ese contexto, San Luis Potosí se integró a una estrategia nacional que entiende al turismo como un fenómeno competitivo, donde la visibilidad internacional y la construcción de alianzas resultan determinantes.
Con la suma de esfuerzos y personal comprometido, la Secretaría de Turismo estatal montó un espacio que funcionó como plataforma de gestión: se firmaron convenios, se establecieron acuerdos con gobiernos estatales, cámaras empresariales y compañías del sector, además de un acercamiento directo con touroperadores europeos. Estos actores, atraídos por la diversidad natural y cultural de las cuatro regiones, comenzaron a identificar a “San Luis Potosí Surrealista” como un destino con potencial diferenciado.
Intentar descalificar un ejercicio de esta magnitud con cuestionamientos simplistas sobre gastos o supuestos viajes recreativos revela una crítica frágil y amarillista, más interesada en la polémica que en el análisis. FITUR es una apuesta de alto nivel cuyos resultados se miden en el mediano plazo, mediante estrategias diseñadas para incrementar el flujo turístico de forma sostenida.
La cobertura en medios españoles, la presentación del destino en el escenario principal del evento en dos ocasiones y la agenda de reuniones de negocios anticipan beneficios tangibles para el estado. San Luis Potosí comienza a trazar una ruta de desarrollo turístico con bases sólidas; cuando los resultados se consoliden, la evaluación deberá ser rigurosa. Antes, el descrédito fácil aporta poco a un debate que exige visión y responsabilidad.
















