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Don Enchilado
Soledad de Graciano Sánchez llega al Segundo Informe de Resultados de Juan Manuel Navarro Muñiz con una narrativa construida, sobre todo, en obra pública y servicios: pavimentaciones, infraestructura hidráulica, espacios educativos, parques, alumbrado y programas sociales. El propio edil ha colocado esos rubros —junto con seguridad y educación— entre los ejes centrales del balance de su segundo año.
La vieja frase vuelve entonces con fuerza: “lo que se ve, no se pregunta”.
Dos años después, Soledad muestra una administración con ritmo. Hay calles intervenidas, colectores pluviales, redes de agua y drenaje, aulas, techados y espacios públicos que buscan responder a necesidades acumuladas durante años. A ello se suma una política social que ha puesto sobre la mesa apoyos escolares, alimentarios y programas dirigidos a distintos sectores de la población. Más que una colección de anuncios, el informe convirtió ese volumen de acciones en una transformación de la realidad que va más allá del calendario político.
Una parte importante de esa agenda se ha construido en coordinación con el Gobierno del Estado encabezado por Ricardo Gallardo Cardona. Esa relación institucional ha permitido empujar proyectos de infraestructura que, por su escala, difícilmente podrían entenderse sólo desde la capacidad municipal. La dupla Estado-Municipio tiene ahí una oportunidad: que la coordinación deje obras permanentes y no únicamente fotografías de arranque.
El caso del agua es quizá el mejor ejemplo. El pozo profundo de Buenaventura entró en su etapa de equipamiento con una inversión municipal superior a 13.6 millones de pesos y, de acuerdo con el Ayuntamiento, está proyectado para llevar agua a alrededor de 30 mil viviendas de la zona centro de Soledad. Es un avance concreto frente a un problema que durante años ha desgastado a las familias. Pero un pozo no resuelve por sí solo toda la ecuación: siguen pendientes redes, presión, mantenimiento, distribución y nuevas fuentes para colonias donde abrir la llave todavía es una incertidumbre. Lo bueno: es que la ayuda viene en camino.
El otro gran examen es el manejo de residuos. Aquí no caben triunfalismos prematuros. El nuevo relleno sanitario sigue siendo un proyecto en definición. Esta misma semana, la SEGAM informó que se analizan cinco posibles predios y que todavía no existe una ubicación definitiva. Es decir: hay trabajo institucional, pero también un pendiente real que exige estudios, permisos, consenso social y cumplimiento ambiental.
Y justamente ahí está la trascendencia del buen informe pero también de una gestión que busca trascender.
Navarro llega a su Segundo Informe con obra visible y con una agenda que ha ganado velocidad. El tercer año, sin embargo, será menos indulgente con las promesas. Agua suficiente y un sistema moderno de disposición de residuos no son adornos administrativos; son servicios esenciales que tocan salud, dignidad y calidad de vida.
El Segundo Informe será, por ello, algo más que una ceremonia de rendición de cuentas: será la fotografía de un municipio que avanzó.
Soledad ya puso el acelerador. Ahora debe demostrar que puede sostener la velocidad, corregir pendientes y convertir la obra pública en bienestar permanente.
Juan Manuel Navarro puede convertirse en su tercer año en el alcalde más importante de la historia de Soledad.
Saeta 1.- El PVEM mantiene una amplia ventaja en Soledad de Graciano Sánchez, con 40.2% de intención de voto rumbo a la alcaldía, prácticamente el doble que Morena, que registra 20.3%. La distancia entre ambos partidos creció respecto a agosto y ya alcanza el 19.9 por ciento, de acuerdo con la encuesta de septiembre de GobernArte.
En la medición sobre posibles aspirantes del Verde, Juan Manuel Navarro Muñiz encabeza las preferencias con 25.6%, muy por encima de Fernando Gámez y Antonio Zamarripa. El estudio, realizado entre el 19 y 24 de septiembre de 2026, coincide con un periodo de intensa obra pública y proyectos de movilidad en Soledad.
Saeta 2.- La Universidad está en problemas y el rector Alejandro Zermeño no puede seguir administrando la crisis como si él fuera un espectador. Podrá señalar adeudos, circunstancias externas y todo lo que quiera, pero después de años al frente de la UASLP también tiene una responsabilidad política y administrativa sobre cómo se planeó, cómo se gastó, cómo se previeron los riesgos y cómo se llegó a un escenario en el que la propia institución advierte dificultades para cumplir obligaciones fundamentales. La crisis financiera podrá tener varias causas, pero la gestión tiene un responsable: quien gobierna la Universidad.
Lo peor sería pretender salvar al rector fabricando culpables afuera mientras dentro de Rectoría nadie asume errores. Una administración se mide precisamente cuando llegan los problemas, no cuando sobra el dinero. Y si sus asesores le recomiendan esconder la incapacidad detrás de excusas, le están cavando la tumba política. Zermeño necesita dejar de explicar por qué la Universidad está mal y empezar a responder qué hizo para evitarlo. Porque cuando la máxima casa de estudios llega al borde financiero, lavarse las manos también será una forma de fracaso.















