Don Enchilado
Esta semana se presentó oficialmente la edición número 14 de la Feria Nacional de la Enchilada, y como suele ocurrir con los eventos que nacen desde el poder público, el anuncio fue mucho más que un simple programa de conciertos. Fue también un recordatorio político, una especie de cápsula de memoria institucional donde se repasó —entre discursos y micrófonos— el origen de una fiesta que hoy se ha convertido en uno de los símbolos de Soledad de Graciano Sánchez.
La historia tiene un dato que nadie dejó pasar: el creador de esta feria fue Ricardo Gallardo, cuando era alcalde del municipio. Hoy, ya como gobernador, volvió a colocarse en la línea narrativa del origen y lo hizo con visible orgullo. Recordó que aquella idea que sembró hace más de una década hoy se ha consolidado y ha dado, en sus propias palabras, frutos de oro. No es una metáfora casual: la feria que empezó como un evento local hoy es un fenómeno que mueve miles de personas, artistas de gran cartel y una derrama económica que ya nadie discute.
Gallardo también recordó algo que en la política potosina tiene su carga simbólica: hubo años en que la Feria Nacional de la Enchilada superaba incluso a la propia FENAPO en cartelera y convocatoria. Hoy —dijo— ambas ferias compiten “al tú por tú”. Dicho en términos más claros: el experimento que nació en Soledad terminó elevando el estándar del espectáculo público en todo el estado.
El alcalde Juan Manuel Navarro, por su parte, no dejó pasar la oportunidad para reforzar el mensaje político de continuidad. Su intervención fue más que protocolaria: defendió la feria como un proyecto consolidado de gobierno y como una herramienta de desarrollo local. Navarro subrayó que cada edición debe superar a la anterior, no solo en espectáculos, sino en impacto económico, turismo y participación ciudadana.
Pero también dejó un mensaje que tiene fondo político: la Feria Nacional de la Enchilada no compite con la gestión municipal, la acompaña. Mientras la feria crece —dijo— el ayuntamiento sigue ejecutando obra pública, ampliando programas sociales y fortaleciendo servicios. Es decir, la fiesta no es distracción, sino resultado de una administración que presume disciplina financiera y capacidad de organización.
Navarro además recordó algo que en el fondo es una reivindicación histórica para Soledad: el modelo de feria gratuita que hoy presume la FENAPO tiene su origen en la Feria Nacional de la Enchilada. En otras palabras, la fórmula nació aquí y después se replicó en grande. Un dato que en la política local funciona casi como una denominación de origen.
Desde el ámbito estatal, la narrativa económica también se sumó al entusiasmo. Funcionarios recordaron que la feria no es únicamente música y gastronomía, sino un detonador económico: artesanos de las cuatro regiones, comercios con mayor actividad, transporte lleno y visitantes que llegan de distintos municipios e incluso de otros estados.
La cartelera artística confirma esa ambición de convocatoria: Bronco, Gloria Trevi, Luis R. Conríquez, El Tri, La Arrolladora, entre otros. Una mezcla que parece diseñada con lógica electoral: que todos encuentren algo que escuchar y nadie se quede sin sentirse parte de la fiesta.
Al final, la Feria Nacional de la Enchilada confirma algo que en San Luis Potosí se entiende cada vez mejor: las fiestas populares también cuentan historias de poder. Algunas se escriben con discursos, otras con inversiones… y otras con escenarios llenos de gente.
Porque si algo quedó claro en esta presentación es que aquella semilla plantada hace catorce años ya no es solo una feria. Es un proyecto político que aprendió a llenarse de gente… y a cosechar aplausos.











