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Octavio César Mendoza
La única regla de la política es que en política no hay reglas. El más noble de los oficios humanos es donde el mayor número de personas imperfectas intentan ingresar al costo moral o económico que resulte necesario. Su atractivo consiste en el manejo de los recursos y las vidas de los gobernados, y eso puede ser intercambiable por cualquier objeto material del que se pueda echar mano para conquistar la cima de la idealizada superioridad que supone el poder.
Los mejores gobernantes, que no suelen abundar en naciones como la nuestra, llegan por circunstancias fuera de manual y con temor a realizar un papel insuficiente que los ayude a salir bien librados de esa aventura. Personajes dubitativos en torno a la elección del menor de los males y el mayor de los bienes, personas nobles y llenas de buenas intenciones que sufren los yerros suyos cual condenas y sellan el cumplimiento del deber con un suspiro de alivio.
Luego se encuentran los poderosos detrás del poder; en efecto, por defecto y de facto, aquellos con estratégica para empujar candidaturas, respaldarlas con financiamiento, guiarlas con la representación de sus intereses personales o de grupo una vez que sus fichas son encumbradas, cobrar los favores a través del cabildeo de sus agendas y descartar al trasunto “poderoso” una vez que se desgasta su figura y hay que renovar el stock.
Todos son líderes, y entre estos tipos de liderazgo se ubican estructuras tradicionales tales como las dirigencias y militancias partidistas, operadores, generadores de percepción, equipos jurídicos, sectores y variopintos etcéteras que conforman los cuerpos sociales dispuestos a jugar el juego electoral bajo la óptica de la oportunidad única, por lo que se vale de todo para logar una posición de influencia, un negocio o un capricho.
Pero vamos a lo que nos ocupa en el Estado. Desde luego que cada quien tendrá su opinión respecto a quién es quién y qué traje le queda a cada cual, de acuerdo a su nivel de lectura, entendimiento o preferencia; pero quienes observamos estos asuntos por chismosos, sabemos que arriba, debajo y detrás de cada uno de los arriba mencionados existen sub estructuras y súper representantes de los meros dueños del balón.
Estos son los que deciden quiénes van y quiénes no, y aquí están dando señales de presencia para estudiar reacciones: lanzar el bulo de candidatos-sorpresa que aparecen a modo de caballos negros; bajar a candidatos desobedientes al sistema; elevar números en encuestas de favoritos; alimentar esperanzas de los que funcionan como relleno; iniciar el proceso de reemplazo de estructuras y liderazgos para el intercambio de posiciones y negociaciones a futuro. Y otras más.
Se rumora que en municipios del altiplano y centro están trabajando antiguos aliados del PRI ruralista de Puebla y EDOMEX. Se sabe de Ingenieros Electorales de Avanzada Nacional en la Huasteca cuyo operador silencioso también mueve los hilos de decenas de clubes de potosinos radicados en los EUA y es cercano de un tal M. E. Se observa que hay personajes en estructuras privadas trabajando para otro MORENA no local, pero sí por lo local.
Ninguno piensa en arrebatar la gubernatura al Verde, eso lo saben inviable; pero sí están buscando algo aparentemente menor de momento: sembrar comités hacia el 2030 para colocar diputados, alcaldes, regidores, síndicos y estructuras gubernamentales capaces de negociar con el vencedor desde una posición de representantes de los que observan, entretelones, el desarrollo de la puesta en escena. Y eso apenas comienza.















