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Staff / El Mañana
Ciudadanos exigen la apertura del refugio para mascotas en Ciudad Valles, SLP, tras años de espera desde la donación del predio.
\Las calles de los diversos sectores urbanos de la región huasteca atestiguan a diario el esfuerzo silencioso de hombres y mujeres que, al margen de las instituciones, destinan parte de sus ingresos y tiempo libre para alimentar a perros y gatos en situación de calle. En Ciudad Valles, San Luis Potosí, historias como la de Juana María Castillo ilustran la realidad cotidiana de quienes se convierten en protectores improvisados de la fauna doméstica, enfrentando no solo los gastos que implica la manutención de múltiples animales, sino también la incomprensión y las críticas constantes de vecinos inconformes con la presencia de estos seres vivos en las zonas habitacionales.
Tras cumplir con sus estrictas jornadas laborales en un conocido establecimiento comercial de la localidad, la rutina de esta habitante de la colonia Lázaro Cárdenas incluye paradas obligatorias en negocios de alimentos para adquirir costales de croquetas que posteriormente reparte tanto en su domicilio particular —donde actualmente resguarda a varios canes y felinos— como en diversos puntos estratégicos de su trayecto nocturno. En estos sitios coloca bebederos y comederos improvisados para mitigar el hambre y la sed de los animales abandonados, un esfuerzo económico que sostiene con sus propios recursos al ser una persona soltera, aunque lamenta profundamente la falta de empatía social hacia la fauna callejera.
Sin embargo, el problema va mucho más allá del alimento diario. Defensores independientes y rescatistas urbanos coinciden en que la ausencia de políticas públicas efectivas mantiene el problema de salud pública y bienestar animal estancado. La demanda más sensible y recurrente por parte de la ciudadanía radica en la urgente necesidad de que comience a operar el tan anunciado albergue municipal para mascotas, un proyecto del cual se aprobó la donación de un terreno por parte del Cabildo local, pero que a tres años de distancia de aquel acuerdo sigue envuelto en la total opacidad sobre su ubicación exacta y la fecha probable de apertura.
La situación actual obliga a los rescatistas solitarios a cargar con una responsabilidad que debería ser atendida de manera integral por las instancias gubernamentales. Los ciudadanos recalcan que un refugio oficial no solo significaría un techo, agua y comida para los animales vulnerables, sino la garantía de contar con atención médica veterinaria especializada que vele por su salud y permita aplicar programas masivos de esterilización. Mientras tanto, los defensores de los animales en la Huasteca potosina continúan rogando por la apertura de este espacio prometido, recordando que las leyes de protección animal aprobadas en el papel deben traducirse urgentemente en acciones tangibles y funcionales para la sociedad.














