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Tras Bambalinas
Por Juan de la Plaza
El alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos encontró una nueva oportunidad para presumir su compromiso con la libertad de prensa al auspiciar un foro de periodistas, el problema fue la incongruencia de algunos de sus protagonistas y del impulsor: una cosa es organizar discursos sobre la prensa libre y otra muy distinta defenderla cuando aparecen las voces incómodas, como las del viernes pasado que recibieron un trato déspota de la presidenta del DIF municipal, Estela Arriaga, en cuyo informe no se permitió el acceso de reporteros y reporteras que hacen preguntas a modo.
Entre los participantes en el referido foro en un espacio de la UASLP que lució vacío, se presentó a Luis Cárdenas, quien fue cesado de MVS por su actitud censora y burlona en contra del analista Hernán Gómez Bruera por defender los aciertos del gobierno federal; la paradoja es inevitable: un periodista cuestionado por su intolerancia frente a opiniones discrepantes convertido en expositor de un encuentro dedicado precisamente al ejercicio periodístico.
Galindo parece sentirse cómodo en esos escenarios donde abundan los elogios, las fotografías y las declaraciones solemnes, pero las libertades de prensa y expresión no se acreditan con foros patrocinados desde las sombras y la simulación, sino con respeto a la crítica, transparencia y disposición a responder preguntas incómodas.
Hernán Gómez Bruera salió de la mesa de análisis de MVS después de denunciar un ambiente hostil y un debate desequilibrado bajo la conducción de Cárdenas, acompañado de otro intolerante, Ignacio Zavala Gómez del Campo, el cuñado de Felipe Calderón; el episodio dejó una pregunta que persigue al comunicador Cárdenas: ¿cómo venir a la capital potosina a defender la pluralidad cuando se cuestiona su capacidad para tolerar opiniones contrarias?
Mientras Galindo presumía en sus redes sociales una foto con Cárdenas, otro escándalo golpeaba su administración: Enrique Dahud Uresti, dirigente estatal en funciones del PAN, terminó renunciando a su contrato por honorarios con el ayuntamiento después de ser señalado como presunto aviador, se cuestionaron pagos de 28 mil pesos mensuales por servicios cuya comprobación pública fue exigida y nunca se dio, aunado a que su hija también apareció en la nómina, al igual que otros panistas; su renuncia pública exhibió al propio alcalde Galindo: su contratación distaba mucho de ser legal, usar el erario municipal para comprar apoyos y adhesiones partidistas no puede normalizarse, es un delito dilapidar el erario para satisfacer ambiciones personales con porristas a sueldo.
Galindo promueve discursos sobre libertades mientras enfrenta cuestionamientos sobre transparencia y uso del presupuesto a favor de los panistas que lo respaldan; la capital necesita menos espectáculos mediáticos y más resultados, las libertades de expresión y prensa no se compran con patrocinios, ni la honestidad se demuestra protegiendo contratos cuestionados, tampoco presumiendo una foto con un periodista que fue despedido por no tolerar la crítica y la discrepancia.

















